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275-Carlos Pío Uhrbach



DESOLACIÓN

Como el gallardo paladín caído
viendo inutilizada la cimera,
levanta desde el polvo la bandera
como postrer esfuerzo de vencido.

Así mi corazón, mártir herido
por aciago pesar, ya nada espera,
mas sostiene su fúlgida quimera
como un faro entre ruinas encendido.

¡Oh, Señor! Si perpetuo desolado
cruzando los senderos terrenales
llevo mis ilusiones condolidas,

¡Infúndele a mi espíritu agobiado
la fe de religiosos ideales
o el heroico valor de los suicidas!

Carlos Pío Uhrbach

346-Fujiwara no Tadafusa



GRILLO

No cantes, grillo,
tan lastimosamente,
que si es grande tu tristeza
cual una noche otoñal,
es mayor la que a mí me abruma.

Fujiwara no Tadafusa

383-Pedro de Cartagena



COPLAS

La fuerza del fuego que alumbra, que ciega
mi cuerpo, mi alma, mi muerte, mi vida,
do entra, do hiere, do toca, do llega,
y mata y no muere su llama encendida:
pues ¿qué haré yo triste, que todo me ofende?
Lo bueno y lo malo me causan congoxa;
quemándome el fuego que mata, que enciende,
su fuerza que fuerza, que ata, que prende,
que prende, que suelta, que tira, que afloxa.

¿Ay dó iré yo triste, que alegre me halle,
pues tantos peligros me tienen en medio?
Que llore, que ría, que grite, que calle,
ni tengo, ni quiero, ni espero remedio:
ni quiero que quiera, ni quiero querer,
pues tanto que quiere tan rabiosa plaga;
ni ser yo vencido, ni quiero vencer,
ni quiero pesar, ni quiero placer,
ni sé qué me diga, ni sé qué me haga.

Pues ¿qué haré yo triste, con tan gran fatiga?
¿A quién me mandáis que mis males quexe?
¿Qué me mandáis que siga, que diga,
que sienta, que tome, que haya, que dexe?
Dadme remedio, que yo no lo hallo
para este mi mal que no es escondido;
que muestro, que cubro, que sufro, que callo,
que vivo me mata y no puedo dexallo,
por donde de vida ya soy despedido.

Pedro de Cartagena

391-Miguel Ramos Carrión



EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: ?¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
y siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros.

Miguel Ramos Carrión

420-Laura Méndez de Cuenca



NIEBLAS

En el alma la queja comprimida
y henchidos corazón y pensamiento
del congojoso tedio de la vida.

Así te espero, humano sufrimiento:
¡Ay! ¡Ni cedes, ni menguas ni te paras!
¡Alerta siempre y sin cesar hambriento!

Pues ni en flaqueza femenil reparas,
no vaciles, que altiva y arrogante
despreciaré los golpes que preparas.

Yo firme y tú tenaz, sigue adelante.
No temas, no, que el suplicante lloro
surcos de fuego deje en mi semblante.

Ni gracia pido ni piedad imploro:
ahogo a solas del dolor los gritos,
como a solas mis lágrimas devoro.

Sé que de la pasión los apetitos
al espíritu austero y sosegado
conturban con anhelos infinitos.

Que nada es la razón si a nuestro lado
surge con insistencia incontrastable
la tentadora imagen del pecado.

Nada es la voluntad inquebrantable,
pues se aprisiona la grandeza humana
entre carne corrupta y deleznable.

Por imposible perfección se afana
el hombre iluso; y de bregar cansado,
al borde del abismo se amilana.

Deja su fe en las ruinas del pasado,
y por la duda el corazón herido,
busca la puerta del sepulcro ansiado.

Mas antes de caer en el olvido
va apurando la hiel de un dolor nuevo
sin probar un placer desconocido.

Como brota del árbol el renuevo
en las tibias mañanas tropicales
al dulce beso del amante Febo,

así las esperanzas a raudales
germinan en el alma soñadora
al llegar de la vida a los umbrales.

Viene la juventud como la aurora,
con su cortejo de galanas flores
que el viento mece y que la luz colora.

Y cual turba de pájaros cantores,
los sueños en confusa algarabía,
despliegan su plumaje de colores.

En concurso la suelta fantasía
con el inquieto afán de lo ignorado
forja el amor que el ánimo extasía.

Ya se asoma, ya llega, ya ha pasado;
ya consumió las castas inocencias,
ya evaporó el perfume delicado.

Ya ni se inquieta el alma por ausencias,
ni en los labios enjutos y ateridos
palpitan amorosas confidencias.

Ya no se agita el pecho por latidos
del corazón: y al organismo activa
la congoja febril de los sentidos.

¡Oh ilusión! mariposa fugitiva
que surges a la luz de una mirada,
más cariñosa cuanto más furtiva.

Pronto tiendes tu vuelo a la ignorada
región en que el espíritu confuso
el vértigo presiente de la nada.

Siempre el misterio a la razón se opuso:
el audaz pensamiento el freno tasca
y exámine sucumbe el hombre iluso.

Por fin, del mundo en la áspera borrasca
sólo quedan el árbol de la vida
agrio tronco y escuálida hojarasca.

Voluble amor, desecha la guarida
en que arrullo promesas de ternura,
y busca en otro corazón cabida.

¿Qué deja al hombre al fin? Tedio, amargura,
recuerdos de una sombra pasajera,
quién sabe si de pena o de ventura.

Tal vez necesidad de una quimera,
tal vez necesidad de una esperanza,
del dulce alivio de una fe cualquiera.

Mientras tanto en incierta lontananza
el indeciso término del viaje
¡ay! la razón a comprender no alcanza.

¿Y esto es vivir?…En el revuelto oleaje
del mundo, yo no sé ni en lo que creo.
Ven, ¡oh dolor! Mi espíritu salvaje
te espera, como al buitre, Prometeo.

Laura Méndez de Cuenca

439-Juan Álvarez Gato



UN LARGO CAMINO

Hoy comienzan mis dolores,
hoy pierde placer mi vida,
hoy será la despedida
y la más triste partida
que se hizo por amores.

Hoy tan grande pensamiento,
señora, llevo conmigo,
que muero porque no digo
a vos, mi bien, lo que siento;
adiós, adiós, los mejores
gozos de mi triste vida,
que hoy será la despedida
y la más triste partida
que se hizo por amores.

Juan Álvarez Gato

443-José Rosas Moreno



LA VUELTA A LA ALDEA

Ya el sol oculta su radiosa frente;
melancólico brilla en occidente
su tímido esplendor;
ya en las selvas la noche inquieta vaga
y entre las brisas lánguido se apaga
el último cantar del ruiseñor.

¡Cuánto gozo escuchando embelesado
ese tímido acento apasionado
que en mi niñez oí!
Al ver de lejos la arboleda umbrosa
¡cuán recuerdo, en la tarde silenciosa,
la dicha que perdí!

Aquí al son de las aguas bullidoras,
de mi dulce niñez las dulces horas
dichoso vi pasar,
y aquí mil veces, al morir el día
vine amante después de mi alegría
dulces sueños de amor a recordar.

Ese sauce, esa fuente, esa enramada,
de una efímera gloria ya eclipsada
mudos testigos son:
cada árbol, cada flor, guarda una historia
de amor y de placer, cuya memoria
entristece y halaga el corazón.

Aquí está la montaña, allí está el río;
a mi vista se extiende el bosque umbrío
donde mi dicha fue.
¡Cuántas veces aquí con mis pesares
vine a exhalar de amor tristes cantares!
¡Cuánto de amor lloré!

Acá la calle solitaria; en ella
de mi paso en los céspedes la huella
el tiempo ya borró.
Allá la casa donde entrar solía
de mi padre en la dulce compañía.
¡Y hoy entro en su recinto sólo yo!

Desde esa fuente, por la vez primera,
una hermosa mañana, la ribera
a Laura vi cruzar,
y de aquella arboleda en la espesura,
una tarde de mayo, con ternura
una pálida flor me dio al pasar.

Todo era entonces para mí risueño;
mas la dicha en la vida es sólo un sueño,
y un sueño fue mi amor.
Cual eclipsa una nube al rey del día,
la desgracia eclipsó la dicha mía
en su primer fulgor.

Desatóse estruendoso el torbellino,
al fin airado me arrojó el destino
de mi natal ciudad.
Así cuando es feliz entre sus flores
¡ay! del nido en que canta sus amores
arroja al ruiseñor la tempestad.

Errante y sin amor siempre he vivido;
siempre errante en las sombras del olvido..
¡Cuán desgraciado soy!
Mas la suerte conmigo es hoy piadosa;
ha escuchado mi queja, cariñosa,
y aquí otra vez estoy.

No sé, ni espero, ni ambiciono nada;
triste suspira el alma destrozada
sus ilusiones ya:
mañana alumbrará la selva umbría
la luz del nuevo sol, y la alegría
¡jamás al corazón alumbrará!

Cual hoy, la tarde en que partí doliente,
triste el sol derramaba en occidente
su moribunda luz:
suspiraba la brisa en la laguna
y alumbraban los rayos de la luna
la solitaria cruz.

Tranquilo el río reflejaba al cielo,
y una nube pasaba en blando vuelo
cual pasa la ilusión;
cantaba el labrador en su cabaña,
y el eco repetía en la montaña
la misteriosa voz de la oración.

Aquí está la montaña, allí está el río…
Mas ¿dónde está mi fe? ¿Dónde, Dios mío,
dónde mi amor está?
Volvieron al vergel brisas y flores,
volvieron otra vez los ruiseñores…
Mi amor no volverá.

¿De qué me sirven, en mi amargo duelo,
de los bosques los lirios, y del cielo
el mágico arrebol;
el rumor de los céfiros suaves
y el armonioso canto de las aves,
si ha muerto ya de mi esperanza el sol?

Del arroyo en las márgenes umbrías
no miro ahora, como en otros días,
a Laura sonreír.
¡Ay! En vano la busco, en vano lloro;
ardiente en vano su piedad imploro:
¡jamás ha de venir!

José Rosas Moreno

454-Marilyn Monroe



CANCIÓN DE LA TRISTEZA

Tengo una lágrima amarga
que amenaza a mi cerveza,
y siendo tan leve carga
me da infinita tristeza.

Es tan triste
cuanto existe...
Y cargar con esta vida,
que en verdad ya fue vivida...

Si existiera alguna fuente
que esta horrible sed me quite...
asiría un clavo ardiente
para que me resucite.

La vida dice que es bella...
Y al saber que soy aquella
que sufre, me lo repite...

Me llaman afortunada
por el brillo de mi vida,
pero jamás viví nada
que no dejara una herida.

Marilyn Monroe

465-Gaspar Melchor De Jovellanos



A CLORI

Sentir de una pasión viva y ardiente
todo el afán, zozobra y agonía;
vivir sin premio un día y otro día;
dudar, sufrir, llorar eternamente;

amar a quien no ama, a quien no siente,
a quien no corresponde ni desvía;
persuadir a quien cree y desconfía;
rogar a quien otorga y se arrepiente;

luchar contra un poder justo y terrible;
temer más la desgracia que la muerte;
morir, en fin, de angustia y de tormento,

víctima de un amor irresistible:
ésta es mi situación, ésta es mi suerte.
¿Y tú quieres, crüel, que esté contento?

Gaspar Melchor De Jovellanos

487-Esteban Manuel De Villegas



POEMA SÁFICO

Dulce vecino de la verde selva,
huésped eterno del abril florido,
vital aliento de la madre Venus,
céfiro blando.

Si de mis ansias del amor supiste,
tú que las quejas de mi voz llevaste,
oye, no temas, y a mi ninfa dile,
dile que muero.

Filis un tiempo mi dolor sabía,
Filis un tiempo mi dolor lloraba,
quísome un tiempo, mas agora temo,
temo sus iras.

Así los dioses con amor paterno,
así los cielos con amor benigno,
nieguen al tiempo que feliz volares
nieve a la tierra.

Jamás el peso de la nube parda,
cuando amenace la elevada cumbre,
toque tus hombros, ni su mal granizo
hiera tus alas.

Esteban Manuel De Villegas

490-Estanislao del Campo



TU Y YO

El alma del que sufre es noche triste:
toldada está por el pesar sombrío,
y las amargas lágrimas que vierte
son, Lucila, sus gotas de rocío.

Halla quien nace bajo estrella amiga,
florida primavera en su existencia,
y hasta el cielo, propicio, le sonríe
del eter tras la clara transparencia.

Tú de mi amante corazón conoces
el secreto, Lucila, doloroso:
aunque sólo de lejos, has oído
su gemido profundo y angustioso.

Tú no sufriste ni lloraste nunca:
tu vida, sólo ha sido una alborada
teñida, cual las plumas de un flamenco,
por una luz dulcísima y rosada.

El fuego del amor que por tí siento,
voraz, inextinguible, ya ha tornado
en cenizas las flores de mi alma.
¡La lava del volcán invadió el prado!

Tus amores de niña sólo fueron
blandos gorjeos de canoras aves,
brisas del sentimiento, juguetonas,
de las flores del alma, aromas suaves.

Tú, en el romance de la vida mía,
de mi existencia en la novela triste,
hasta hoy llenaste el doloroso cuadro,
hasta hoy, Lucila, la heroína fuiste.

Yo pasé por el cielo de tu vida
como una nube que arrebata el viento,
sin dejar un recuerdo en tu memoria,
sin despertar en tu alma un sentimiento.

Tú eres el agua que me roza el labio,
la fruta que el sentido me enajena,
y un Tántalo yo soy que en vano agito
los anillos de mi áspera cadena.

Yo soy, Lucila, a tus divinos ojos,
estrellas de brillantes resplandores,
más bien que tu amador, un jardinero
de quien recibes con desdén las flores.

Tú eres la inconmovible y desdeñosa,
aunque gentil y bella castellana;
yo, el trovador que canta al pie del muro
sin que se abra a su acento tu ventana.

Tú eres el astro que en el cielo gira
derramando su lumbre refulgente:
yo, el satélite humilde, condenado
a seguir ese giro eternamente.

Tú eres la llama que la brisa leve
hace ondular, apenas, cariñosa;
yo, la víctima triste de ese fuego,
la pobre, enamorada mariposa.

Tú, las aguas tranquilas de tu vida
surcarás dando el lino al blando viento,
como el céfiro corre entre las flores,
como cruza la luna el firmamento.

Yo, el desierto, Lucila, de la mía
recorreré infelice peregrino,
mojando con el llanto de mis ojos
las espinas y piedras del camino.

Yo, en ese largo, fatigoso viaje,
en mi alma llevaré tu imagen bella.
Tú… ¡ni tan sólo pedirás al cielo
un rayiyo de luz para mi huella!

Estanislao del Campo

585-Mariano Aguiló i Fuster



DECEPCIÓN

La dolencia del alma a nadie mata,
mas le hace agonizar su gran presión...
Cuando el dolor el corazón maltrata,
se escapa por los ojos su aflicción.

Mas la pena que el llanto nos desata
no aminora el ardor del corazón;
sus fibras moja y con rencor dilata
para acopiar más cruel desolación.

¡Ay, pobre del que en hora maldecida
siente el amor y es del amor proscrito!
¡Le huye la muerte, mas también la vida!

Vive para probar que no es un mito
que, si el hombre se inflama sin medida,
¡su dolor sin amor, será infinito!

Mariano Aguiló i Fuster

586-Tomás Aguiló i Forteza



VISIÓN DE LA NOVIA MUERTA

Era como la nieve, iba vestida
de blanco, de candor y de nobleza;
llevaba alrededor de su cabeza,
corona virginal de flor tejida;

manto azul como el cielo donde anida;
velo blanco de angélica pureza...
Así la contemplé con gran tristeza
cual si estuviera allí sólo dormida.

Así la vi, la veo todavía
por el bancal que para mí verdea,
junto al fresco rodar del arroyuelo...

La veo en fosca noche o claro día,
y la hermosa visión que me rodea,
endulza mi dolor, sin dar consuelo.

Tomás Aguiló i Forteza

629-Enrique Sierra Valenzuela



LA DICHA ES BREVE

Del risueño placer tras el halago
corrí afanoso, de gozar sediento;
y vi que es el placer onda que el viento
alza al tender su vuelo sobre el lago.

Seguí mi ruta, y el dolor aciago
turbó mi alma con su puro aliento:
y vi que es el dolor firme y violento,
como es el goce transitorio y vago.

En la senda del mundo peregrino,
mi soledad y mi dolor deploro
y un rayo de placer busco sin tino,

mas ¡ay! en vano mi tristeza lloro;
y si un goce vislumbro en mi camino,
es breve cual la luz de un meteoro.

Enrique Sierra Valenzuela

639-Catalina Clara Ramírez de Guzmán



SONETO

Cuando quiero deciros lo que siento,
siento que he de callaros lo que quiero:
que no explican amor tan verdadero
las voces que se forman de un aliento.

Si de dulces memorias me alimento,
que enfermo del remedio considero,
y con un accidente vivo y muero,
siendo el dolor alivio del tormento.

¿Qué importa que me mate vuestra ausencia
si en el morir por vos hallo la vida
y vivo de la muerte a la violencia?

Pues el remedio sólo está en la herida...
mas, si no he de gozar vuestra asistencia,
la piedad de que vivo es mi homicida.

Catalina Clara Ramírez de Guzmán

694-Marcia Belisarda



ROMANCE MELANCÓLICO

Pensamiento, si pensáis
en dar a mi mal remedio,
mal pensáis, porque es un mal
causado de pensamientos.

Pienso con ajenos gustos
engañar propios deseos,
y es engaño donde el alma,
penando más se halla menos.

Si en dormir busco descanso,
por ser del morir diseño,
más me canso, porque lidio
con enemigos desvelos.

Siempre intento hallar alivio
y siempre queda el intento
con el logro en esperanza
y con la esperanza a riesgo.

O apenas alivio hallo
cuando apenas ya lo pierdo,
el intento examinando
convertido en escarmiento.

En mi dolor no hay templanza,
y si a la memoria apelo,
para el que tengo presente
me da pasados remedios.

En fin, peno, siento y callo
por no decir lo que siento,
que sólo puedo quejarme
de que quejarme no puedo.

Nacer amable es estrella,
suerte nacer con ingenio,
pero si falta ventura
nada es gloria y todo infierno.

Nuestra derrota sigamos,
triste corazón, sin miedo,
por el golfo de desdichas,
rumbo más seguro y cierto.

¡Ay de mí, triste, ay de mí,
ay de mí, socorro, cielos,
que ahogándome estoy sin aguas
en penas y sentimientos!

Marcia Belisarda

836-Mesihi



SOBRE LOS INCIERTOS PLACERES DE LA VIDA

¿Hay estado que esté libre
de la horrorosa tristeza?
¿A quién no roba la sangre
de la mejilla la pena?

Mi alma el vergel de esta vida
contempló con faz atenta,
y no encontró rosa alguna
sin espina que la hiriera.

¡Cuántos años he vagado
en torno de las tabernas,
y no he gustado yo vino
que no cause borrachera!

Mesihi

853-Francisco de Quevedo y Villegas



MADRIGAL

Está la ave en el aire con sosiego,
en la agua el pez, la salamandra en fuego,
y el hombre, en cuyo ser todo se encierra,
está en sola la tierra.
Yo sólo, que nací para tormentos,
estoy en todos estos elementos:
la boca tengo en aire suspirando,
el cuerpo en tierra está peregrinando,
los ojos tengo en llanto noche y día,
y en fuego el corazón y la alma mía.

Francisco de Quevedo y Villegas

856-Walter Scott



EL INFELIZ

El infeliz concentrado en sí mismo
viviendo perderá su humanismo
y doblemente muriendo
quedará sufriendo,
volverá a la mísera tierra de la que surgiera, sin oír llantos,
ni alabanzas, ni cantos.

Walter Scott

895-Juan Boscán



EL RUISEÑOR

Cual suele el ruiseñor entre las sombras
de las ahojas del olmo o de la haya
la pérdida llorar de sus hijuelos,
a los cuales sin plumas aleando
el duro labrador tomó del nido;
llora la triste pajarilla entonces
la noche entera sin descanso alguno,
y desde allí, do está puesta en su ramo,
renovando su llanto dolorido,
de sus querellas hincha todo el campo.

Juan Boscán