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En toda persona alienta el Espíritu de Dios

“Dado que creo que en toda persona alienta el espíritu de Dios, no puedo destruir, y siento que mi obligación consiste en evitar ayudar a destruir vidas humanas en la medida de mis capacidades, por fuerte que pueda ser mi desacuerdo con las acciones o las ideas de una persona. Toda mi vida ha estado dedicada a actos de creación (mi profesión es la de compositor) y no puedo participar en actos de destrucción.” 

Benjamin Britten

La Heredad

Llega gente a una heredad; encuentra allí lo necesario para vivir: la casa está provista de todo, el granero rebosa de trigo, las bodegas y toneles están bien provistos ; en el patio hay aperos de labranza, herramientas, arneses, caballos, vacas, ovejas, en una palabra, todo cuanto es menester para una vida de abundancia. De distintos puntos, vienen los hombres a esa heredad y empiezan a aprovecharse de cuanto hay en ella; pero cada cual para sí, sin pensar en dejar nada a los presentes ni a los que puedan llegar más tarde. Cada cual quiere acapararlo todo; cada uno se apresura a gozar de lo que puede coger. Entonces comienza la destrucción de todo, la lucha por la posesión de las cosas: las vacas de leche, los corderos cubiertos de lana son muertos para la carnicería; los carros, los establos se convierten en leña; luchan los hombres por la leche, por la semilla; derriban y estropean más de lo que consumen. Nadie come tranquilamente; todo el mundo está alerta, a la merced del más fuerte.

Toda aquella gente, harta, vencida, hambrienta, sale de la heredad. El amo vuelve a tomar posesión de la finca y se instala de manera que los hombres puedan vivir en ella tranquilamente. Otra vez está la heredad repleta de víveres. Y de nuevo acuden a ella los transeúntes, y se repiten las mismas riñas, el mismo tumulto: todo lo saquean y de nuevo aquella gente vencida e irritada se va llena de odio maldiciendo al amo que ha organizado mal las cosas. Vuelve a arreglar el amo la finca y otra vez se reproducen los mismos desórdenes. Al fin, entre los huéspedes de la hacienda, hay un sabio que les dice: hermanos, lo que hacemos está mal. Ved qué abundancia y qué bien ordenado se halla todo.

Hay aquí bienes suficientes para todos nosotros y para los que puedan venir, pero es preciso usarlos razonablemente. No nos arrebatemos estas riquezas, antes bien prestémonos ayuda mutuamente. Labremos, sembremos, cuidemos el ganado, y todos quedarán satisfechos. Sucedió que algunos comprendieron lo que decía el sabio y empezaron a obrar del modo siguiente: dejaron de pelearse, de arrebatarse las cosas por la violencia y empezaron a trabajar. Pero otros, que no habían oído las palabras del sabio o que no creían en ellas, siguieron luchando después de derrochar los bienes del amo. Sobrevinieron otros y aconteció la mismo. Los que habían seguido las palabras del sabio repetían: No os peleéis, no malgastéis los bienes del amo, y os encontraréis mejor. Haced lo que ha dicho el amo. Pero siempre había muchos que no se cuidaban de atender esas palabras. Cuéntase que llegó un tiempo en que todos en la granja oyeron y comprendieron las palabras del sabio y reconocieron que Dios había hablado por su boca, y que el mismo sabio era Dios en persona, y todos, considerando sagradas sus palabras, tuvieron fe en ellas. Pero cuéntase también que después de aquello, en vez de vivir según los consejos del sabio, nadie se contuvo: matáronse despiadadamente en una lucha general y todos empezaron a decir: Ahora sabemos indudablemente que debe ser así, que no puede ser de otro modo.

¿Qué quiere decir todo eso? Los mismos animales se arreglan para comer sin arrebatar a los demás su alimento, y los hombres, después de aprender cómo hay que vivir y de creer que el mismo Dios les había prescrito que vivieran así, continúan viviendo mal, so pretexto de que es imposible vivir de otro modo. ¿Cómo ha podido esa gente seguir viviendo como antes, después de creer en las palabras del sabio? He aquí lo que se imaginaron: el sabio había dicho: Vuestra vida en esta heredad es mala, vivid mejor y se volverá buena. Entonces se figuraron que el sabio había condenado toda vida en aquella heredad y les había prometido otra vida mejor, en otro sitio, fuera de ella. Y todos decidieron que aquella hacienda no era sino un albergue, y que no merecía la pena de pretender vivir bien en ella, que lo importante era no ser frustrados en aquella otra vida prometida. Es la única manera de explicar cómo la gente de la granja, que creyó que el sabio era Dios, o que no era más que un sabio, continuó, sin embargo, viviendo como en lo pasado, contrariamente a los consejos del sabio.

Aquella gente lo oyó todo, lo comprendió todo, pero no quiso comprender lo que el sabio decía: los hombres deben ser los propios artesanos de su felicidad, aquí, en esta granja en donde se hallan; se han imaginado que esto no era más que un albergue, y que la granja prometida estaba en cualquier otro sitio. Y he ahí el origen de ese extraño razonamiento que proclama que los preceptos del sabio son admirables, que son la palabra del mismo Dios, pero que actualmente es difícil practicarlos.

Cesen los hombres de correr por sí mismos a su perdición y de esperar que alguien venga en su ayuda: Cristo en las nubes, al son de trompetas, una ley histórica cualquiera, la ley de diferenciación y de integración de las fuerzas. Nadie vendrá en su ayuda si no se ayudan ellos mismos. Y para ayudarse uno mismo, no hay que esperar nada ni del cielo ni de la tierra, sino dejar de trabajar para su propia perdición.

"¿En qué consiste mi fe?" (León Tolstoi)

¿Eres Humano?



¿ERES HUMANO?

¿Eres humano? Sí, de carne y hueso,
lo mismo que quien ama con ternura
y entrega toda el alma en cada beso.

Pero también como la mente oscura
movida por la envidia y el rencor
que sólo el mal del prójimo procura.

Humano como el odio y el amor
que son ofrendas de una mismas manos,
humano cual la risa y el dolor...

Humano, como todos los humanos,
que entre la luz y el barro del camino
se entregan a sus sueños soberanos
y tienen en sus manos su destino.

Jesús María Bustelo Acevedo

Gente Estupenda




GENTE ESTUPENDA

Somos personas estupendas,
enamoradas de la vida;
algunas, siempre satisfechas,
no se sorprenden cuando triunfan;
a otras, en cambio, no las rinden
las apariencias negativas,
y siempre avanzan amorosas
con su entusiasmo y su alegría;
algunas rezan, otras llevan
las oraciones más divinas
en sus sencillos corazones
y en la pureza de sus risas;
muchas reciben del Señor,
en cuerpo y alma, cuanto pidan;
y otras no hay nada que no ofrenden
desde sus almas infinitas...
Somos personas estupendas,
enamoradas de la vida.

Jesús María Bustelo Acevedo

Animales



ANIMALES

¿Qué culpa tiene el burro de la ignorancia? 
¿Y cuál tendrá la zorra de lo inmoral? 
¿Por qué acusar al cerdo de esa fragancia? 
¿Por qué salvaje llaman a un criminal? 

¿Qué tiene la serpiente con los demonios? 
¿Y qué ha de ver el pavo con lo pueril? 
¿Por qué hablan de murciélagos en tus insonios? 
¿O culpan al borrego de lo servil? 

¿Por qué tigre le llaman a la letrina? 
¿O perro al que rehuye de trabajar? 
¿Y al hombre que es cobarde por qué gallina? 
¿Por qué conejo a aquello le han de llamar? 

¿Qué culpa tiene el toro de tu bravura? 
¿Qué nexo tiene el buitre con el ladrón? 
¿Y qué tiene la vaca con la gordura? 
¿O qué tendrá el caballo con tu adicción? 

Mancháis los animales con desperdicios 
y faltos de respeto y humanidad; 
¿qué culpa tienen ellos de vuestros vicios, 
si todos son perfectos en su verdad? 

Jesús María Bustelo Acevedo

Gracias a Dios



GRACIAS A DIOS

Muchas gracias, Señor, por esta mente
que es capaz de adorarte y de negarte,
hecha con precisión, misterio y arte,
como cuadra a tu gracia omnipotente.

Muchas gracias, Señor, que libremente
diste luz a este mundo y cada parte,
al que ofende al creyente tras culparte
y al que culpa a la ofensa del creyente.

Muchas gracias, Señor, por el Edén
del presente que alberga nuestro bien,
que quien quiera convierte en un infierno

porque tiene derecho y potestad.
Y lo bueno, en verdad, no es que es eterno,
sino nuestra infinita libertad.

Jesús María Bustelo Acevedo

6-Henrik Wergeland



CADA CUAL

Cada uno con su propia mente usa su trono divino.
Cada uno con su propio corazón usa su altar y su cáliz.
Los señores están todos en la tierra,
los sacerdotes son todos para Dios.

Henrik Wergeland

119-Martín Miguel Navarro



SONETO

Cuando a los padres del linaje humano
creó Dios, e imprimió su imagen santa,
les negó sólo el fruto de una planta
y su vida libró, muerte en su mano.

Mas persuadidos del común tirano,
que a los hombres a ser dioses levanta,
creyeron que el honor de dicha tanta
les vedaba su Autor con miedo vano.

Siguieron la ilusión de la serpiente,
prefiriendo a la luz un torpe engaño
y la más feliz vida su ruina.

Desde entonces consigue, aun cuando miente,
más crédito el demonio en nuestro daño
que en favor nuestro la verdad divina.

Martín Miguel Navarro

153-Fedor Sologub



REGRESO AL HOMBRE

Ahora regreso hacia el hombre,
hacia sus esperanzas y quehaceres.
El alma no se romperá en dos,
yo regresaré todo completo hacia el hombre.
Como aquel que ha lanzado su cuerpo al río
y entrega su alma a las olas,
así regreso hacia el hombre
hacia sus esperanzas y quehaceres.

Fedor Sologub

360-León María Carbonero y Sol



SONETO

¡Oh vana, oh loca, oh atrevida vida
del hombre ciego que en prestado estado
vive muriendo desterrado, errado,
su gloria luego que es venida ida.

El alma noble aunque oprimida mida
con sus obras aquel sagrado grado
que hará dichoso al desdichado hado
y a Dios que en su piedad no impida pida.

Si al que navega tan estrecho trecho,
mar cuyo viento desengaña engaña
y juzga que su puerto es tierra yerra.

Pague a la muerte sin despecho pecho,
que nunca al justo su guadaña daña,
pues que del cielo la destierra es tierra.

León María Carbonero y Sol

549-Guillermo Prieto



LA CONFIANZA DEL HOMBRE

Cuando la juventud despavorida,
víctima de delirios y pasiones,
vaga entre incertidumbre y aflicciones,
errante en el desierto de la vida,

¡sublime religión!, le das asilo,
consuelas su existir desesperado,
en tus brazos el hombre reclinado
no teme el porvenir, duerme tranquilo.

Cuando la tempestad sus rayos lanza,
tiembla el malvado al rebramar del viento,
mientras del justo a Dios el firme acento
glorifica con himnos de alabanza.

Dulce es al hombre en su penoso duelo,
cuando el tormento pertinaz le aterra,
decir burlando a la mezquina tierra:
“Allí es mi patria”, y señalar el cielo.

Indicadme la mano que atrevida
el velo desgarró de lo futuro:
¿quién es aquel que penetró seguro
el misterio insondable de otra vida?

Nadie: terrible porvenir retumba,
y el mortal ciego que en el mundo vive,
el eco, y nada más, lejos percibe,
que vuelve desde el seno de la tumba.

Se busca el porvenir allá en el cielo,
cree mirarle el mortal, a Dios insulta,
y al señalarle osado, le sepulta
el lodo vil del miserable suelo.

¡Mísera humanidad, cuál es tu suerte!
¡Cuál tu destino que lo ignora el mundo!
¿El placer puro y el dolor profundo
se apagan con el soplo de la muerte?

Como la flor cuando el invierno asoma,
que al frío soplo precursor del hielo,
el tallo inclina en el humilde suelo
sin colores, sin vida, sin aroma?

¿Y aquesta alma que me anima ahora,
jamás del linde de la tumba pasa,
cual gota que al caer sobre la brasa
tócala, y al momento se evapora?

No, jamás; nuestra noble inteligencia
nunca perece, que las almas puras
reflejarán por siempre en las alturas
el brillo de la augusta omnipotencia.

¿Qué dio el Eterno, el Padre de la vida,
su lumbre a sol, su animación al mundo,
para hacinar en él el polvo inmundo
de nuestra humanidad envilecida?

Tiemble al futuro el infeliz malvado,
cuando a la muerte atónito sucumba,
que no será su crimen en la tumba
con su asqueroso cuerpo sepultado.

Desprecie los horrores del averno
y burle los misterios de la vida,
cesará el sueño y su alma sorprendida
se aterrará a la vista del Eterno.

Pero el justo, con gozo más profundo,
verá de gloria su alma circundada,
cuando en los negros centros de la nada
se pierda el tiempo y se desplome el mundo.

Guillermo Prieto

560-Platón



POEMAS

I
El hombre no es carne y hueso,
el hombre entero es su espíritu,
y para saber quién es
en este mundo es preciso
mirar en su inteligencia,
porque el resto es un vestido,
y ella la parte del alma
donde está el saber divino.

II

¿Dónde está el saber divino?
Mira del hombre en las alas,
el ala de la razón
y la del amor del alma.

Platón

603-Rabindranath Tagore



REFLEXIÓN

Vive en silencio el pez en el océano,
y la bestia en la selva rodeada
del salvaje sonido;
el ave está en el viento acompañada
del canto; pero tiene la persona
dentro de sí la música fantástica
del aire, el alboroto de la tierra
y el silencio de las tranquilas aguas.

Rabindranath Tagore

732-John Merrick



EL HOMBRE ELEFANTE

Es cierto que mi forma es muy extraña,
mas aquel que me culpa culpa a Dios;
si pudiera crearme yo a mí mismo
por complacerte haría lo mejor.

Si pudiera abarcar la Tierra toda,
abrazando amoroso al horizonte,
quisiera que mirarais en mi alma...
La mente es la medida de los hombres.

John Merrick

856-Walter Scott



EL INFELIZ

El infeliz concentrado en sí mismo
viviendo perderá su humanismo
y doblemente muriendo
quedará sufriendo,
volverá a la mísera tierra de la que surgiera, sin oír llantos,
ni alabanzas, ni cantos.

Walter Scott

902-Emilio Ferrari



AL HOMBRE

A través del espacio y a millares
y millares de leguas de tu anhelo,
seguirás a los astros por el cielo
en sus revoluciones seculares;

penetrarás el fondo de los mares,
cual vasto libro hojearás el suelo
y abrirás los alcázares de hielo
que coronan los círculos polares.

Conocerás el germen de la vida,
la faz del microscópico organismo
y la gran nebulosa indefinida;

conocerás la tierra y el abismo;
mas siempre, ¡oh, ley fatal!, desconocida
habrá una cosa para ti: tú mismo.

Emilio Ferrari

916-Sant Tukaram



BENDECIDOS

Bendecidos son aquellos
cuyos corazones crecen en piedad,
y abandonaron Vaikuntha, su hogar,
para servir a la Humanidad;
aquellos que menospreciaron
sus propias necesidades, y no son sólo palabras;
aquellos cuyos corazones son inmensos,
cuyos labios están impregnados en miel.

Sant Tukaram

967-Mikolaj Rej



SOBRE LA VIRTUD

Todas las cosas mueren con el hombre
pero no la virtud, santa y eterna.
Es joya de valor incalculable
porque adorna a los pobres y a los ricos.
Más que las esmeraldas ella brilla
y no tiene medida en el mercado.
Cada cosa del hombre se transforma,
pero no la virtud, que siempre dura.
Aunque cambia la carne, la virtud
permanece en el cielo junto al alma.
A todos, aunque todo se confunda,
la virtud engalana en cualquier sitio.
Su fama la ganaron los honestos
con actos de honradez y buenos hechos.

Mikolaj Rej

976-B.J. Bramwell



SILENCIO

Nadie verdaderamente escucha,
nadie verdaderamente se preocupa,
todo el mundo está demasiado ocupado
con sus propios asuntos.

En el ruido que nos rodea
el silencio no tiene lugar,
nadie escucha el susurro
que salva la raza humana.

B.J. Bramwell