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En toda persona alienta el Espíritu de Dios

“Dado que creo que en toda persona alienta el espíritu de Dios, no puedo destruir, y siento que mi obligación consiste en evitar ayudar a destruir vidas humanas en la medida de mis capacidades, por fuerte que pueda ser mi desacuerdo con las acciones o las ideas de una persona. Toda mi vida ha estado dedicada a actos de creación (mi profesión es la de compositor) y no puedo participar en actos de destrucción.” 

Benjamin Britten

La música viene del corazón

Creo que la música puede ser una fuerza inspiradora en nuestras vidas, que su elocuencia y la profundidad de su significado son lo más importante, mientras que todas las consideraciones personales acerca de los músicos y el público son relativamente insignificantes. La música viene del corazón y regresa al corazón, es una expresión espontánea e impulsiva, no tiene límites, crece eternamente, puede ayudarnos a construir una nueva concepción de la vida en la que la locura y crueldad de la guerra sean reemplazadas por la simple comprensión de la fraternidad entre hombres y mujeres.

Leopold Stokowski

Sobre la guerra

"Es un deber de todo aquel que considere la guerra incompatible con su fe cristiana negarse, de forma pacífica pero firme, a realizar cualquier tipo de servicio militar."

Jonathan Dymond

4-Janos Arany



EN LAS GUERRAS

Antiguamente en las batallas
no había normas ni principios,
pues simplemente el poderoso
robaba todo al indefenso.
Ya no es así, las conferencias
de las naciones determinan
de qué manera el más fornido
podrá imponer sus nuevas trampas.

Janos Arany

73-Poeta Anónimo



LA MOZA DE VILLAREJO

Se peinaba la lunita
con un peine de luceros
y una estrellita jugaba
con las trenzas de su pelo.

Se iba a dormir presurosa
por los caminos del cielo
porque el lucero del alba
ya asomaba por los cerros.

Olía la madrugada
a mejorana y romero.
Un jilguerito piaba
en las ramas de un almendro.

Por entre mil olivares
pasaba silbando el viento
y a su paso iba dejando
de esta copla el dulce acento:

Para que tú tengas pan
en la guerra, compañero,
con el sudor de mi frente
la tierra para ti riego.

Arre, mulica, ligera;
arre, mulica, que quiero
con la reja del arado
ahondar en el duro suelo
para abrir su sepultura
al invasor extranjero.

Así cantaba, cantaba
la moza de Villarejo,
la cara como una rosa,
los ojos de raso negro,
el alma hechida de gozo,
henchido de gozo el pecho.
Así cantaba, cantaba
la moza de Villarejo.

Poeta Anónimo

197-Poeta Anónimo



ROMANCE REBELDE

La Macarena lucía
los soles de sus alhajas.
¿Te acuerdas, viejo, aquel día?
Los tambores martillaban
tus oídos y tus sienes
y tu corazón lloraba...
Sollozos estrangulados
subían a tu garganta.
En un catre miserable
tu compañera expiraba,
el hambre la consumió
poco a poco... ¡como a tantas!
Y mientras, la vanidad
de los ricos paseaba
por las calles de Sevilla,
encendida como un ascua
en la luz de sus diamantes
lucía la Macarena
los soles de sus alhajas...
Jornales de medio duro,
hambre y miseria en las casas.
Junto al surco, el campesino
los terrones destripaba
derritiéndose los sesos,
quemándose las entrañas.
Sevilla, sumida en luto,
entre las piedras calladas
de sus callejuelas tristes,
pavorosas, desoladas,
sangre reseca del pueblo
clamando a gritos venganza.
Negro luto en los hogares
y rebeldía en las almas.
El odio envenena el aire...
Las narices dilatadas
de los sabuesos de Queipo,
que de sangre no se sacian,
olfatean carne roja
en la que clavar las garras.
Ahora la Virgen no tiene
ni brillantes ni esmeraldas.
Para su causa siniestra
Queipo las necesitaba:
Ya sin joyas se quedó
la Virgen de la Esperanza.
Pronto esas joyas serán
bombas de fuego y metrallas,
los brillantes de la Virgen
presto han de tornarse balas,
y harán que corra la sangre
de los pobres en riadas.
Niños, mujeres, ancianos,
pueblo que empuñas las armas
a tu Patria defendiendo:
la Virgen de la Esperanza
ya sin joyas se quedó
para que allá en Alemania
las conviertan en obuses,
para que hagan en Italia
más aviones, tanques... ¡Sangre,
sangre en que anegar España!

Poeta Anónimo

286-Poeta Anónimo



VEREDAS DEL PUEBLO

No hay vereditas más claras
ni más alegres veredas
que las veredas del pueblo,
¡ya te lo dijo el poeta!
Yendo por otros caminos
es muy fácil que te pierdas
y que nunca pueda estar
muy tranquila tu conciencia.
Fue en una tarde de julio,
tarde caliente y morena,
cuando emprendiste el camino,
¡malhaya la tarde aquella!
Que desde entonces España
se desangra por las venas
de sus hijos y sus campos,
y la miel de sus colmenas
se convirtió en odio y hiel
y en vientos de ruina y pena.
Pero le sobran alientos
de heroísmo que a la fuerza
en clarines de victoria
tienen que atronar la tierra
pregonando en alaridos
triunfales que sus cadenas
están rotas, y no hay quien
se atreva ya a componerlas.
Desde Córdoba a Teruel,
desde Toledo a Valencia,
el Ejército del pueblo,
como alud que se despeña,
va liberando a su patria
del yugo que la encadena;
de tan potente y audaz
no hay dique que lo contenga.
Cada infante en su fusil,
prendido en su bayoneta,
lleva un milagro de luz
cuajado de auroras nuevas,
y en su espíritu las alas
del bergantín de Espronceda.
¡Soldado del pueblo, vas
viento en popa a toda vela,
a reconquistar lo tuyo,
a librarte de miseria,
a hacer trizas tu ignorancia
con una fecunda siembra
de sueños y realidades!
¡Que ni de soñar siquiera
te dejaban los tiranos
que han despertado esta guerra!
Camino que no es camino,
ay, qué mal final le espera
al que te sigue y no va
por las alegres veredas
del pueblo, que son las claras
y por firmes duraderas.

Poeta Anónimo

293-Magerit



ROMANCE

Quiero una novia derecha
como la espiga del campo,
serena como el lucero,
sana como el sol de mayo.

Que tenga mirar de madre
sus ojos de arroyo claro;
que cante como una niña...
que piense como un hermano...

Quiero una novia en quien fíe
como fío en mi caballo;
que me escriba mientras lucho:
¡Para ti bordan mis manos!
¡Contigo sueñan mis ojos
y por ti rezan mis labios!

¡Quiero una novia que rime
con la palabra collado!
¡Quiero una novia de bronce
con el corazón de nardo!

Magerit

310-V. de Boda



NUNCA JAMÁS SERÁ ESCLAVA

España la laboriosa
jamás derramó sus lágrimas
ante Felipe Segundo
ni ante el cruel Torquemada.
España, la roja y libre.
nunca jamás será esclava.
España la laboriosa
nunca sabrá verter lágrimas
ente los Francos y Molas,
Queipos de Llanos y Arandas.
Hacer frente sólo sabe
en el campo de batalla.
España la laboriosa
nunca sabrá verter lágrimas
ante las mil injusticias
que el vil fascismo le causa.
España, la roja y libre,
nunca jamás será esclava.
España la laboriosa
nunca sabrá verter lágrimas
ni jamás se humillará
ante la vil clerigalla,
ni ante el criminal fascismo,
ni ante obispos, ni ante el Papa.
España la laboriosa
sabe bien librar su causa;
ofrenda su roja sangre
entre cerros y montañas
por una España feliz,
libre, culta y democrática.
España, la roja y libre,
nunca jamás será esclava.

V. de Boda

325-Manuel Paso Cano



A CRISTO (DESDE LA FÁBRICA)

Te llaman la miseria y los pesares,
hambre que gime, cólera que estalla,
y en el rudo trajín de la batalla
tus hijos que se matan a millares.

Oficia la mentira en tus altares
y gobierna tu pueblo la canalla,
oye si no la voz de la metralla
que clama por las tierras y los mares.

La dinamita a voces te ha llamado.
"Nada hiciste al morir", grita iracundo
este pueblo irredento y desquiciado.

Pide tu sangre, manantial fecundo.
¡Baja otra vez a ser crucificado!
¡Vuelve, Señor, a redimir al mundo!

Manuel Paso Cano

340-Giralda



A MI HIJO SALVADOR ZURRO GIRALDA,
CAÍDO EN EL FRENTE

Naciste hijo querido,
naciste de mis entrañas,
con orgullo lo pronuncio
y se me desgarra el alma.
Brotó tu sangre aquel día
del Cuartel de la Montaña,
y aún diste sangre para otro
de la que a ti te sobraba.
Eras sano y eras fuerte,
¡era muy grande tu alma!,
eras, como comunista,
alma desinteresada.
Cuando ya te repusiste
saliste a Santa Olalla,
luchaste como se lucha,
con entereza, con saña,
sacrificándolo todo
por defender a tu patria.
Descansaste siete días
y estaba en vilo tu alma;
decías que hacías falta
en los campos de batalla.
Y volviste para el frente,
a Robledo de Chavela,
y allí dejaste tu vida
clavada en una trinchera,
pues una bala traidora
te hizo caer en la tierra.
¡Descansa en paz, hijo mío!,
que los hombres no se acaban,
sobran para defenderla.
Nos sobran hombres y armas,
y si ellos se agotasen
tu madre empuñará el arma,
y dará su vida antes
tal como tú la enseñaras,
morirá en una trinchera
defendiendo nuestra causa;
que Agustina de Aragón
también defendió su patria.

Giralda

372-Félix Gutiérrez González



ROMANCE

Siempre cara al enemigo,
siempre alerta la mirada,
agudo siempre el oído
en la noche quieta en calma
vela como buen soldado
sobre las bruñidas armas.
¡Aprendió del caballero
Don Quijote de la Mancha!
¡Alerta buen paladín
de la heroica cruzada!
Que Dios pagará con creces
tu vigilancia bizarra,
pues a ti te ha encomendado
la salvación de la patria,
el honor de las mujeres
y la religión cristiana.
A ti, noble defensor
de nobles y justas causas,
Dios pondrá sobre tus sienes,
bendecidas y ensalzadas,
coronas de roble y lauro,
¡para los mártires palmas!

Félix Gutiérrez González

404-Manuel José Quintana



A ESPAÑA

¿Qué era, decidme, la nación que un día
reina del mundo proclamó el destino,
la que a todas las zonas extendía
su cetro de oro y su blasón divino?
Volábase a Occidente,
y el vasto mar Atlántico sembrado
se hallaba de su gloria y su fortuna.
Doquiera España, en el preciado seno
de América, en el Asia, en los confines
del Africa, allí España. El soberano
vuelo de la atrevida fantasía
para abarcarla se cansaba en vano;
la tierra sus mineros le rendía,
sus perlas y coral el Oceano.
Y donde quier que revolver sus olas
él intentase, a quebrantar su furia
siempre encontraba costas españolas.
Ora en el cieno del oprobio hundida,
abandonada a la insolencia ajena,
como esclava en mercado, ya aguardaba
la ruda argolla y la servil cadena.
¡Qué de plagas, oh Dios! Su aliento impuro
la pestilente fiebre respirando,
infestó el aire, emponzoñó la vida;
el hambre enflaquecida
tendió los brazos lívidos, ahogando
cuanto el contagio perdonó; tres veces
de Jano el templo abrimos,
y a la trompa de Marte aliento dimos;
tres veces, ¡ay!, los dioses tutelares
su escudo nos negaron, y nos vimos
rotos en tierra y rotos en los mares.
¿Qué en tanto tiempo viste
por tus inmensos términos, oh Iberia?
¿Qué viste ya, sino funesto luto,
honda tristeza, sin igual miseria,
de tu vil servidumbre acerbo fruto?
Así, rota la vela, abierto el lado,
pobre bajel, a naufragar camina,
de tormenta en tormenta despeñado,
por los yermos del mar; ya ni en su popa
las guirnaldas se ven que antes le ornaban,
ni, en señal de esperanza y de contento,
la flámula riendo al aire ondea.
Cesó en su dulce canto el pasajero,
ahogó su vocerío
el ronco marinero,
terror de muerte en torno le rodea,
terror de muerte silencioso y frío;
y él va a estrellarse al áspero bajío.
Llega el momento, en fin; tiende su mano
el tirano del mundo al Occidente,
y fiero exclama: "El Occidente es mío".
Bárbaro gozo en su ceñuda frente
resplandeció, como en el seno oscuro
de nube tormentosa en el estío
relámpago fugaz brilla un momento
que añade horror con su fulgor sombrío.
Sus guerreros feroces
con gritos de soberbia el viento llenan;
gimen los yunques, los martillos suenan;
arden las forjas. ¡Oh, vergüenza! ¿Acaso
pensáis que espadas son para el combate
las que mueven sus manos codiciosas?
No en tanto os estiméis; grillos, esposas
cadenas son que en vergonzosos lazos
por siempre amarren tan inertes brazos.
Estremecióse España
del indigno rumor que cerca oía,
y al gran impulso de su justa saña
rompió el volcán que en su interior hervía.
Sus déspotas antiguos,
consternados y pálidos se esconden;
resuena el eco de venganza en torno,
y del Tajo las márgenes responden:
"¡Venganza!" ¿Dónde están, sagrado río,
los colosos de oprobio y de vergüenza
que nuestro bien en su insolencia ahogaban?
Su gloria fue, nuestro esplendor comienza;
y tú, orgulloso y fiero,
viendo que aún hay Castilla y castellanos,
precipitas al mar tus rubias ondas,
diciendo: "Ya acabaron los tiranos".
¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento!
¿Con qué puede ya dar el labio mío
el nombre augusto de la patria al viento?
Yo le daré; mas no en el arpa de oro
que mi cantar sonoro
acompañó hasta aquí; no aprisionado
en estrecho recinto, en que se apoca
el numen en el pecho
y el aliento fatídico en la boca.
Desenterrad la lira de Tirteo,
y el aire abierto a la radiante lumbre
del sol, en la alta cumbre
del riscoso y pinífero Fuenfría,
allí volaré yo, y allí cantando
con voz que atruene en derredor la sierra,
lanzaré por los campos castellanos
los ecos de la gloria y de la guerra.
¡Guerra!, nombre tremendo, ahora sublime,
único asilo y sacrosanto escudo
al ímpetu sañudo
del fiero Atila que a Occidente oprime
¡Guerra, guerra, españoles! Es el Betis;
ved del Tercer Fernando alzarse airada
la augusta sombra; su divina frente
mostrar Gonzalo en la imperial Granada;
blandir el Cid su centelleante espada,
y allá sobre los altos Pirineos,
del hijo de Jimena
animarse los miembros giganteos.
En torvo ceño y desdeñosa pena,
ved cómo cruzan por los aires vanos;
y el valor exhalando que se encierra
dentro del hueco de sus tumbas frías,
en fiera y ronca voz pronuncian: "¡Guerra!"
¡Pues qué! ¿Con faz serena
vierais los campos devastar opimos,
eterno objeto de ambición ajena,
herencia inmensa que afanando os dimos?
Despertad, raza de héroes; el momento
llegó ya de arrojarse a la victoria:
que vuestro nombre eclipse nuestro nombre,
que vuestra gloria humille nuestra gloria.
No ha sido en el gran día
el altar de la patria alzado en vano
por vuestra mano fuerte.
Juradlo, ella os lo manda: "¡Antes la muerte
que consentir jamás ningún tirano!".
Si, yo lo juro, venerables sombras;
yo lo juro también, y en este instante
ya me siento mayor. Dadme una lanza,
ceñidme el casco fiero y refulgente;
volemos al combate, a la venganza;
y el que niegue su pecho a la esperanza,
hunda en el polvo la cobarde frente.
Tal vez el gran torrente
de la devastación en su carrera
me llevará. ¿Qué importa? ¿No iré, expirando,
a encontrar nuestros ínclitos mayores?
"¡Salud, oh padres de la patria mía,
yo les diré, salud! La heroica España
de entre el estrago universal y los horrores
levanta la cabeza ensangrentada,
y vencedora de su mal destino,
vuelve a dar a la tierra amedrentada
su cetro de oro y su blasón divino".

Manuel José Quintana

433-Tomás H. Redondo



EL MEJOR ALFÉREZ

Eras el mejor alférez
de toda la alfarería.
Yo te vi salir contento
cuando te marchaste a filas
llevando en el corazón
la única estrella prendida
y en el alma el entusiasmo
que el patrio amor siempre inspira.
Yo te vi salir de casa
dejando en ella transida
de gozo y dolor a aquella
que fue tu madre bendita.
De gozo porque marchabas
con fe a jugarte la vida,
y de dolor porque, madre,
por tus destinos temía.
Y yo te vi despedir
allá en la noche tranquila
muy pegadito en la reja
a la moza que querías;
y entre reflejos de luna
vi asomarse a sus mejillas
dos gruesas perlas que presto
en tus labios recogías.
Luego te he visto en el frente,
siempre en la primera línea,
dando ejemplo a tus soldados
que al principio sonreían
con tu mocedad, y pronto
tu valor les sorprendía
cuando a otra novia, la Muerte,
de amores la requerías.
Te he visto en el Pingardón,
en Jarama, en Navafría,
en el frente de Vizcaya,
en Aragón y en Castilla,
en todas partes luchando
con valor y bizarría
y en todas partes venciendo
a las huestes enemigas.
Hasta que en un día aciago
vino para tu desdicha,
mas para gloria de España,
la Muerte a segar tu vida.
Aquella bala traidora
que rasgando el aire silba
se incrustó en tu corazón,
la mejor tumba que había.
Y atravesando la estrella
que sobre el pecho tenías,
corazón y estrella a un tiempo
con tu sangre se teñían.
España vino a besarte
tu frente pálida y fina
cuando amorosa la tierra
sus entrañas te ofrecía.
Te beso como una madre
que pierde toda su dicha
y te besó como novia
al darte la despedida.
Hoy ya pregona la Fama
tu hazaña heróica y sencilla
y tu nombre antes oscuro
se esclarece y se sublima...
No importa cómo te llamas
ni cual es tu patria chica;
Pedro, Juan, Francisco, etc.,
como dice la Doctrina.
Eras español y basta,
de Aragón o de Castilla,
de León o de Navarra,
andaluz o de Galicia.
Eras émulo del Cid,
aquel buen Rodrigo Díaz
que te legó por herencia
su honor y su valentía.
Y otra cosa también eras
para tu orgullo y mi dicha:
eras el mejor alférez
de toda la alfarería.

Tomás H. Redondo

445-Joaquín Barasona Candau



ESPAÑA Y NAPOLEÓN

Noble tierra de Cides y Guzmanes,
valerosa nación que el mundo admira,
la gloria que en tus lares se respira
es el premio que colma tus afanes.

Desde el Sena dirige a ti sus planes
el grande genio que a vencerte aspira
y en su delirio y ambición no mira
que en la lucha tus hijos son titanes.

Pasa las cumbres del Pirene frío
y el águila imperial nubla tu cielo
y el canto exhala de la guerra, impío.

Mas tu te agitas con ardiente anhelo,
demuestras tu gigante poderío
y al águila imperial cortas el vuelo.

Joaquín Barasona Candau

471-Isabel


ROMANCE DE NOCHE TRISTE

Madrileña noche triste
con clara luna de invierno.
A pesar de tus estrellas
y tus alegres luceros,
bajo el manto de tus sombras
se cierne sólo el silencio.
Vigila bien, miliciano,
y a todo ruido está atento.
En el pueblo, en los hogares
descansan niños y viejos.
De pronto, en la noche triste,
un motor vibra sereno...
Un segundo de impaciencia...
Y otra vez vuelve el silencio...
¡Ahora son alas leales
las que besaron los techos
de las viviendas honradas
de los bravos madrileños!
Sigue el viejo su reposo
y el niño sigue su sueño.
El miliciano, en la noche,
alerta está y en su puesto.

Isabel

497-Poeta Anónimo



EJÉRCITO DEL SUR

Une la tierra y el cielo
tupida cortina de agua
que incesante por los cuerpos
de los soldados resbala
y atravesando las carnes
hasta los huesos les cala.
Un barro espeso y rojizo
que las trincheras enfanga,
alrededor de las piernas
forma viscosas polainas.
El aire lleva el silbido
de las balas italianas,
el retumbar de cañones,
el moscardeo de alas
que de extrañas tierras vienen
a la conquista de España.
Humo, fuego, lluvia, barro,
son las fuertes pinceladas
que, grises, rojas y negras,
a nuestras fuerzas encuadran.
Medio envueltos en el barro,
relucientes por el agua,
estos músculos de hierro,
bajo las ropas mojadas
son la envoltura de carne
-carne curtida y tostada
por el Sol y por los vientos
y en el trabajo forjada-
que guarda dentro de sí
la altiva, indómita alma
del Ejército del Sur
que defiende contra Italia,
por tierras de Andalucía
la independencia de España.
El empuje resistieron
de las extranjeras armas
formando hombres y fusiles
infranqueable muralla
y ya en victorioso avance
contra el italiano marchan
y con furia de leones
al asalto se preparan.
Y su bravura y su brío
y su arranque cuando atacan,
reconquistan y redimen
pedazos de nuestra patria
que en zarpazos traicioneros
del italiano las garras
sangrientos y palpitantes
arrebatarnos lograra,
que hubo para ello traidores,
renegados y canallas
que porque odiaban al pueblo
hasta vendieron su patria.
Hay una tregua en la lucha,
callan las guerreras máquinas,
y en silencio los fusiles
sobre los brazos descansan.
Conmueve el aire el rasgueo
de una andaluza guitarra
y de las trincheras surge
una recia voz que canta:
"Traidores de mala sangre
quisieron vender a España,
pero la raza indomable
del pueblo español la guarda.
Vuélvete, italiano, a Italia."
Tras una copla, otra copla
sus sentimientos desgrana,
hondos sentires del pueblo
y arabescos de guitarra,
unidos, formando cuerpo,.
Así Andalucía habla.
Mas, ya enmudecen los labios,
comienzan a hablar las armas
y dicen al invasor
que es muy grande nuestra España
para que sea jamás
una colonia italiana;
nación que dominó al mundo
no tiene sangre de esclava.
El Ejército del Sur
resuelto y valiente avanza.
Medio envueltos en el barro,
relucientes por el agua
que resbala por sus cuerpos
y hasta los huesos le cala,
sus soldados, invencibles,
entre balas y metralla,
por tierras de Andalucía
en filas unidas marchan
a defender con sus vidas
la independencia de España.

Poeta Anónimo

501-Poeta Anónimo



DESDE EL FRENTE

¿Qué veo ahora en tus ojos
que antes eran dos luceros?
¿Qué veo ahora en tus labios,
labios que tanto rieron?
¿Qué pasa ahora en tu cara
que antes era como el cielo?
¿Es que temes por mi muerte?
¿Es que acaso no te quiero?
¡Qué apesadumbrada estás,
estando yo tan contento!
Quiero que miren tus ojos
como miraron en tiempos,
quiero que rían tus labios
como antaño se rieron,
quiero que alegres tu cara,
que antes era como el cielo;
quiero que, tampoco pienses,
en que acaso yo esté muerto;
quiero que pienses también
en que siempre yo te quiero;
quiero que pienses también
que a nuestra España defiendo,
que junta con mi Bandera,
está la mujer que quiero,
que eres tú mi dicha entera,
y ella la madre del pueblo;
que por ti doy yo mi vida,
y por ella, el mundo entero;
hasta que quede sin mancha
la Bandera que defiendo,
hasta que se quede limpia
la nación que yo más quiero.

Así que alegra esa cara,
abre esos labios, ¡mi cielo!,
que aunque estamos separados,
ya muy pronto nos veremos.

P.D. Adiós, Julica del alma,
adiós, ¡mi vida, ¡mi sueño!,
recibe con estas líneas
en tus "morricos" un beso...
Destacamento, Serué,
a veintiséis de febrero,
"cocinando" en la cocina
lo escribe un carabinero
que ya va para tres meses
que está haciendo de ranchero.

Poeta Anónimo

509-Bernardo López García



DOS DE MAYO

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron…
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona…!

Do quiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África , que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!…

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantosa esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial;
en tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque indómitos y fieros,
saben hacer tus vasallo,
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros…

Y aun hubo en la tierra un hombre,
que osó profanar tu manto…
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!…
Sin que el recuerdo me asombre
con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria,
y el mundo y la patria a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que en su delirio profundo
captando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!…

La virgen con patrio ardor
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y cuando calmado está
grita al hijo que se va:
“¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!…”

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!…

Mártires de la lealtad
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad…
en la tumba descansad,
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.


EL PAN EUCARÍSTICO

Tú nos diste la luz, nos diste el viento,
la cumbre secular, y el océano;
con tu gigante y poderosa mano,
hiciste al mundo del mortal asiento.

Tú nos diste el amor y el sentimiento
y el genio de las artes soberano;
tú bajaste a la tierra, como hermano
de a criatura que te alzó el tormento.

Tú diste al hombre del saber la palma;
la fe que alumbra; la razón que advierte;
la religión que los pesares calma;

¡y grande, santo, generoso y fuerte,
te diste Tú, como manjar del alma,
al mundo infame que te dio la muerte.

Bernardo López García