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Palabras



PALABRAS

Palabras transparentes y sencillas
que llenan de alegría la mañana,
sonoras maravillas que dibujan
sinfonías fantásticas.
Verdades que se expresan en tu boca
con esa fuerza hermosa y soberana
que tiene lo que nunca necesita
de escudos ni de espadas.
Colores que en tus labios
se muestran cual caricias en el alma,
y es el amor que mueve las estrellas
con su inefable y misteriosa magia...
¡Qué bello se convierte el Universo
merced a tus palabras!

Jesús María Bustelo Acevedo

Los Errores



LOS ERRORES

Si a tu hermano le señalas
los errores de su ego,
evidente es, desde luego,
que miras y no regalas.

Y si sólo ves su llanto,
será el llanto que tú llores,
porque el Espíritu Santo
no percibe sus errores.

Él sabe que es falsedad
de un mundo loco y caduco
que se deshace en su truco
ante la eterna verdad.

Contempla en tu hermano a Dios
en su infinita pureza
y abrazarás la belleza
de la unidad de los dos.

Jesús María Bustelo Acevedo

Bailarina



BAILARINA

¡Mírala!, cómo se mueve
con ese precioso talle
y esos arcos que dibujan
sus caderas sensuales,
con el rostro de colores
y ese perfume que el baile
va esparciendo en torno suya
y que santifica el aire...
Mira la coquetería
de su cuerpo al agitarse,
exhibiendo en su belleza
la verdad de los compases
misteriosos de la música
del Amor... ¡Divino baile,
el tuyo, flor diminuta,
que has venido a recordarme
que otra vez la Primavera
ha llegado a nuestras calles!

Jesús María Bustelo Acevedo



Muerte



MUERTE

Ya no te quiero, cuerpo,
ya no te necesito,
pues eres sólo un sueño
que, despierto, he perdido
para ganar la gracia
de mi Ser Infinito...
Los pies que me llevaron
por tan bellos caminos,
los brazos que abrazaron
a los seres queridos,
estos ojos que vieron
miles de paraísos,
los besos que recuerdan
mis dos labios efímeros,
las máquinas de carne
que operan al unísono
hasta llegar a hacerme
creer que sois yo mismo...
¡Ya no te quiero, cuerpo,
gracias por tus servicios!

Jesús María Bustelo Acevedo

La más bella de las almas



LA MÁS BELLA DE LAS ALMAS

Ahora sé que mi guitarra
ya no es más una guitarra;
tan sólo me lo parece
cuando mis manos la abrazan
e ignorante doy por cierto
que ella carece de alma...
¿Cómo puede carecer
de aquello que enamorada
me ofrenda en cada canción
y siempre a cambio de nada?
¿Cómo creer, al sentir
tanta risa y tanta lágrima,
que tras su cuerpo sonoro
pudiera no haber un alma?
Mi guitarra, generosa,
igual que tú, disfrazada,
si no de carne, de sueños,
de prendas y de palabras,
sí de cuerdas y madera
que sin ella no son nada,
tiene, infinita y eterna,
la más bella de las almas.

Jesús María Bustelo Acevedo

Poder

PODER

Te juro
que puedes crear el Futuro;
prometo
que puedes crearlo repleto
de aquello
que a ti te parezca más bello
y cuanto
enjugue en tus ojos el llanto;
sin prisas
podrás esbozar mil sonrisas,
pues eres
quien hace verdad tus placeres,
y nada
hay que de tu fuerza se evada.
Mujer
u hombre, tuyo es el poder.

Jesús María Bustelo Acevedo

2-Henry Thomas Hamblin



FLORES

En la más humilde flor
Dios expresa su propósito
de amor y paz; son las flores
mensajeras de lo hermoso,
un gran canto a la alegría
donde Dios nos deja todo
lo más bello que se encuentra
en su ser maravilloso.

Henry Thomas Hamblin

37-Al Qalfat



UNA GACELA

Una gacela me negó su amor,
y por ello mi alma se llenó de tristeza,
Si digo: "Mi corazón ya la olvidó",
se renueva mi amor y se acentúa mi desesperación.
Yo saludo, y daría mi vida por ella,
porque ese rostro bien lo merece.

Al Qalfat

39-Al Mutadid



CUÁNTAS NOCHES

¡Cuántas noches pasé allí
al lado de una muchacha
de esbelto y airoso talle
y firmes caderas anchas!
¡Y cuántas noches también
pasé a la orilla del agua
con la linda cantaora
en la vega solitaria!

Al Mutadid


DEJADME

Dejadme, donde dichoso
y respetado he vivido,
discurrir sobre las ondas
del Guadalquivir tranquilo
A la luz de las estrellas
en clara noche de estío.
A la sombra reposarme
de los frondosos olivos,
y oír el susurro libre
del aura mansa en los mirtos.

Al Mutadid

42-Abbada Al Qazzaz



ELLA ES LUNA

Ella es luna, sol, tallo que nace
y perfume de almizcle.
Perfecta, brillante, floreciente
y aroma enamorado.
Quién la mira se prenda de ella,
pero es coto cerrado.

Abbada Al Qazzaz

52-Juan Valera



A MARÍA

Dulce me eres,
linda morena,
como me es dulce
de primavera
naciente aurora
de luces bellas.
Que son tus ojos
que mi alma queman,
soles nacientes:
y tus guedejas,
que al aire flotan
o en lindas trenzas
caen en tu espalda,
son por lo negras
como azabache,
y por lo luengas
como el cariño
que mi alma encierra
y que consagra
a tu belleza;
porque tu forma
toda es perfecta
toda es divina,
toda es aérea.
Es cual de un ángel
la tu voz tierna,
como un suspiro
que el aire lleva,
como el remate
de dulce endecha,
como el arrullo
de tierna queja
de la paloma
de amores llena.
Es lo que siente
tu alma bella,
que más encanta
que tu belleza,
puro y virgíneo
cual tu alma mesma,
cual el aliento
del Criador fuera
cual son dulcísimo
que exhala tierna
la lira armónica
del rey poeta.
Así, mi niña,
son las tus prendas
cual el perfume
de la flor bella
que el dulce céfiro
en alas lleva.
Por eso el pecho
mío se queja,
por eso siento
que mi alma incendias
en fuego vivo
de amor y penas,
un fuego eterno
que no remedian
mil y mil muertes
si mil me dieran,
que no consume
aunque quisiera
el agua toda
que, bravo, encierra
el mar ruidoso
que el mundo cerca,
ni el río de lágrimas
que lastimera
arroja mi alma
de amor deshecha.
Sólo tu labio,
tu mano bella
mi fuego ardiente
calmar pudieran.

Juan Valera

56-Luis Carrillo de Sotomayor



COLORES

Deja colores del suelo
para dibujar su frente
y tome el pincel valiente
lo más sereno del cielo;
tu cuidado y tu desvelo
de la vía láctea, breve
parte tome, si se atreve,
y saldrá desta mixtura
serenidad y blancura
de cielo claro y de nieve.

Luis Carrillo de Sotomayor

62-Efrén Rebolledo



LOS BESOS

Dame tus manos puras; una gema
pondrá en cada falange transparente
mi labio tembloroso, y en tu frente
cincelará una fúlgida diadema.

Tus ojos soñadores, donde trema
la ilusión, besaré amorosamente,
y con tu boca rimará mi ardiente
boca un anacreóntico poema.

Y en tu cuello escondido entre las gasas
encenderé un collar, que con sus brasas
queme tus hombros tibios y morenos,

y cuando al desvestirse lo desates
caiga como una lluvia de granates
calcinando los lirios de tus senos.

Efrén Rebolledo

96-Maqrebi



EL SOL DE TU CARA

Cuando el sol de tu cara
se manifestó,
aparecieron los átomos
de los dos mundos.
Cuando ese sol de tu cara
proyectó sombra,
de aquella penumbra apareció
cuanto existe en el universo.
Cada átomo inundado
por el sol de tu rostro,
amaneció brillando
como un nuevo sol.

Maqrebi

98-Hāfez



BELLEZA

No soy yo el único
que da serenatas a la belleza
de las damas de mejillas de rosa.
En todo en derredor
hay un millar de ruiseñores
que el mismo himno entonan.

Hāfez

170-Lys Ambroise



TERNURA

Ponte sombra en los labios
y anochéce los ojos,
que ya el sol parte el día
y se agobia callado.

Amo ver la dulzura
de ese rizo divino
que entreabre tus dientes
al asombro del mundo.

Ponte sombra en los labios
y anochece los ojos...
Una solar ternura
tiende su postrer lampo
besando los palmares
de la ardiente bahía...

Sobre la mar inmóvil
se empavesan los barcos
de sopor y de hastío,
de gaviotas y albatros.

Armoniza en tu clave
los arrullos más hondos.

Ponte sombra en los labios
y anochéce los ojos.

Lys Ambroise

208-Natalia Palacios



LA ROSA

Bella flor alejandrina
y peregrina,
que al aura blanca remece,
y en tu cáliz aparece
una gota cristalina.

Es tu aroma delicado
y perfumado,
el suave ambiente que exhalas,
pura ostentando tus galas,
descollando en verde prado.

Su ambrosía en el calor
el picaflor
y la mariposa beben;
sus áurea alas embeben
de tu arbusto alrededor.

Sonrosado tu capullo,
al dulce arrullo
del agua se abre y florece;
él tus hojas reverdece
y te aduerme su murmullo.

La madreselva aromada
vive enlazada
hacia tu tallo, se aprieta.
También modesta violeta
tu pie besa enamorada.

Tímido el junco te nombra;
su fresca sombra
te da el pino majestuoso,
y el musgo fino y vistoso
te sirve de rica alfombra.

Qué feliz, sin pena, vives;
grata recibes
la brisa de la mañana;
siempre gentil y lozana
nunca el dolor apercibes.

Jamás de invierno inhumano
el soplo vano
te marchite ni deshoje,
ni tu belleza despoje,
¡oh, rosal!, con dura mano.

Natalia Palacios

285-Luis Muñoz Rivera



EVA

Eva, Eva: si el Eterno
Hacedor mandarte quiso
a este báratro moderno,
fue... para dar al infierno
lo mejor del Paraíso.

Luis Muñoz Rivera

292-José Antonio Domínguez



AMOROSA

Yo te he visto, en esa hora fugitiva
en que la tarde a desmayar empieza
doblar cual lirio enfermo la cabeza,
la cabeza adorable y pensativa.

Y entones, más que nunca, sugestiva
se ha mostrado a mis ojos tu belleza,
como en un claroscuro de tristeza
con palidez que encanta y que cautiva.

Y es que en tu corazón, antes dormido,
el ave del amor ha hecho su nido
y entona su dulcísimo cantar.

Y al escucharle, en ondas de ternura,
languidece de ensueños tu hermosura
¡como un suave crepúsculo en el mar!

José Antonio Domínguez

326-Fernando Calderón



LA RISA DE LA BELDAD

Bella es la flor que en las auras
con blando vaivén se mece;
bello el iris que aparece
después de la tempestad:
bella en noche borrascosa,
una solitaria estrella;
pero más que todo es bella
la risa de la beldad.

Despreciando los peligros
el entusiasta guerrero,
trueca por el duro acero
la dulce tranquilidad:
¿quién su corazón enciende
cuando a la lucha se lanza?
¿Quién anima su esperanza?...
La risa de la beldad.

El conquistador altivo
precedido de la guerra,
cubre de sangre la tierra,
de miseria y orfandad.
¿Y quién el curso detiene
de su cólera siniestra?
¿Y quién desarma su diestra?
La risa de la beldad.

¿Quién del prisionero triste
endulza el feroz tormento?
¿por quién olvida un momento
su perdida libertad?
¿Y quién, en fin, del poeta
hace resonar la lira?
¿Quién sus acentos inspira?
La risa de la beldad.

Una suerte inexorable
llena de luto mi vida,
y mi alma gime oprimida
por la dura adversidad;
pero yo olvido estas horas
de tanta amargura llenas,
cuando suaviza mis penas
la risa de la beldad.

Fernando Calderón