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A ver, a ver...
A VER, A VER...
Vamos a ver, ¡vamos a ver!,
a ver el alma de la vida
que a la mirada está escondida
y que nos hace florecer.
Vamos a ver ese perfume
con el que el corazón se baña
para alcanzar que el alma extraña
valientemente se nos sume.
Vamos a ver esa visión
de danzarinas cantatrices,
que son las almas que, felices,
ejercen ya su vocación.
Vamos a ver, ¡vamos a ver!,
a ver la Eternidad entera
que para siempre nos espera
gozosamente en cada ser.
Jesús María Bustelo Acevedo
Bailarina
BAILARINA
¡Mírala!, cómo se mueve
con ese precioso talle
y esos arcos que dibujan
sus caderas sensuales,
con el rostro de colores
y ese perfume que el baile
va esparciendo en torno suya
y que santifica el aire...
Mira la coquetería
de su cuerpo al agitarse,
exhibiendo en su belleza
la verdad de los compases
misteriosos de la música
del Amor... ¡Divino baile,
el tuyo, flor diminuta,
que has venido a recordarme
que otra vez la Primavera
ha llegado a nuestras calles!
Jesús María Bustelo Acevedo
¡A Bailar!
¡A BAILAR!
Si obcecado por la ira
te seduce la venganza,
oye el canto de la lira
de tu alma y ¡venga, danza!
Si entre monjas y entre frailes
el rencor no se te cura,
¡oye el son de la Natura
invitándote a que bailes!
Y si un sentimiento feo
se repite y se repite,
¡déjalo que te lo quite
un dichoso bailoteo!
Las pasiones torpes, fatuas,
al que baila no le alcanzan,
¡que están muertas las estatuas
y están vivos los que danzan!
Jesús María Bustelo Acevedo
600-Ramón de Palma y Romay
LA DANZA DE CUBA
Los aires rompen el ruido
de la nocturna orquesta...
¡Oh! ¿Qué impresión es ésta?...
¿Qué mágico sonido?
¿Qué plácida embriaguez?
¡Es la cubana danza!
Y al escuchar sus sones,
mis muertas ilusiones,
mis sueños de esperanza
despiertan a la vez.
¡Oh danza! tus acentos
reaniman mi existencia;
tu lánguida cadencia
me inspira pensamientos
de amor y de placer:
y la gentil cubana
de pie pulido y breve,
y de cintura leve,
que se columpia ufana
pienso a tus sones ver.
Pienso mirar su cuello
a tu compás doblarse,
sus párpados cerrarse,
alzar el rostro bello
bañado de expresión:
o pienso que del piano
las teclas recorriendo,
te estoy ¡oh danza! oyendo
lanzar bajo su mano
gemidos de pasión.
Quien de cubano el alma
y los sentidos tenga,
no es dable, no, que calma,
ni que grave sostenga
llegándote a sentir;
que el más adusto ceño
tus sones escuchando
se mostrará risueño,
o tu compás callando
procurará seguir.
Ya exhales gemidora
de tórtola el arrullo,
ya imites el murmullo
de brisa halagadora,
ya un grito des de amor;
¡oh danza! me parece
que Cuba con sus palmas
a tu compás se mece,
y son de nuestras almas
tus ecos el clamor.
Ramón de Palma y Romay
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