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El Regalo
EL REGALO
Aquí comparto un poema
que me regala la vida,
tan generosa y profunda
como su propia alegría;
bajo un papel de colores
y un lazo de plata fina,
hay un alma misteriosa
vestida de poesía...
Y en el alma, una quietud,
como una flor, pequeñita,
que nos ofrenda la esencia
de sí misma...
¡Maravilla diminuta
que en verdad es infinita!...
Un regalo misterioso,
lleno de sabiduría;
un presente para ser
quien lo comparta y lo viva.
Jesús María Bustelo Acevedo
Bailarina
BAILARINA
¡Mírala!, cómo se mueve
con ese precioso talle
y esos arcos que dibujan
sus caderas sensuales,
con el rostro de colores
y ese perfume que el baile
va esparciendo en torno suya
y que santifica el aire...
Mira la coquetería
de su cuerpo al agitarse,
exhibiendo en su belleza
la verdad de los compases
misteriosos de la música
del Amor... ¡Divino baile,
el tuyo, flor diminuta,
que has venido a recordarme
que otra vez la Primavera
ha llegado a nuestras calles!
Jesús María Bustelo Acevedo
2-Henry Thomas Hamblin
FLORES
En la más humilde flor
Dios expresa su propósito
de amor y paz; son las flores
mensajeras de lo hermoso,
un gran canto a la alegría
donde Dios nos deja todo
lo más bello que se encuentra
en su ser maravilloso.
Henry Thomas Hamblin
185-Osip Mandelstam
LA TRISTEZA INEXPRESIVA
La tristeza inexpresiva
abrió sus dos ojos enormes,
el florero al despertar
del cristal arrojó las flores.
Todo el cuarto se invadió
de una lánguida ,¡dulce medicina!,
este reino tan pequeño
tanto sueño ha devorado.
Un poco de vino rojo,
-otro poco de sol de mayo-
y rompiendo un delgado bizcocho
la blancura de dedos finos.
Osip Mandelstam
208-Natalia Palacios
LA ROSA
Bella flor alejandrina
y peregrina,
que al aura blanca remece,
y en tu cáliz aparece
una gota cristalina.
Es tu aroma delicado
y perfumado,
el suave ambiente que exhalas,
pura ostentando tus galas,
descollando en verde prado.
Su ambrosía en el calor
el picaflor
y la mariposa beben;
sus áurea alas embeben
de tu arbusto alrededor.
Sonrosado tu capullo,
al dulce arrullo
del agua se abre y florece;
él tus hojas reverdece
y te aduerme su murmullo.
La madreselva aromada
vive enlazada
hacia tu tallo, se aprieta.
También modesta violeta
tu pie besa enamorada.
Tímido el junco te nombra;
su fresca sombra
te da el pino majestuoso,
y el musgo fino y vistoso
te sirve de rica alfombra.
Qué feliz, sin pena, vives;
grata recibes
la brisa de la mañana;
siempre gentil y lozana
nunca el dolor apercibes.
Jamás de invierno inhumano
el soplo vano
te marchite ni deshoje,
ni tu belleza despoje,
¡oh, rosal!, con dura mano.
Natalia Palacios
222-Francisco Lumbreras
A TU ESPOSA
Un ramo quiero hacer en un soneto,
lo cual dicho en verdad no es fácil cosa,
un lirio, una azucena candorosa,
anémona y jazmín, he aquí un cuarteto.
Geranio y tulipán, ya me prometo
un éxito feliz, ¡qué linda rosa!
¿Te agrada esta begonia caprichosa?
Tómala, y vamos al primer terceto.
Camelia, flor de lis y dionea.
¿Por qué dos flores más sólo me pides?
Son tres: un pensamiento, una ninfea,
y la flor del recuerdo, no me olvides.
Cuéntalas bien, y tu atención reclamo,
catorce flores hay, soneto y ramo.
Francisco Lumbreras
224-Juan Francisco Manzano
AMOR
Azucena gentil, fragante y pura,
que das galas al vergel, vertiendo amores,
tú eres, flor, la más linda de las flores
siendo igual tu modestia a tu hermosura.
La peregrina llama que fulgura
en tus cubanos ojos brilladores,
disipa en su expresión mis sinsabores
como emblema de gloria y de ventura.
Yo te adoro, mi bien, como a la brisa
ama el gentil sonoro riachuelo,
como adora el sunsún a la floresta;
pues en tu joven frente se divisa
el timbre halagador que te dio el cielo
de hermosa, de cubana y de modesta.
Juan Francisco Manzano
271-Rafael María de Mendives
PENSATIVA
¿Qué piensas, melancólica hermosura,
cuando fijas absorta tu mirada
en esa margarita deshojada,
imagen de un amor que fue locura?
¿Qué piensas cuando besas con ternura,
sus hojas, y febril y apasionada
encierras en su cáliz congelada
de tu vida la lágrima más pura?
¡Qué esperas! ¿Pero a qué te lo demando,
si tu frente se dobla pensativa
al peso de recuerdos opresores;
si encadenada está, si estás llorando,
y en brazos del dolor te ves cautiva
sin porvenir, sin patria y sin amores?
Rafael María de Mendives
INVOCACIÓN RELIGIOSA
No seré yo, mi Dios, quien a ti llegue
cubierto de rubor, ni quien osado
ante tu excelsa majestad desplegue
del pensamiento el vuelo arrebatado;
no; yo sabré sin que el dolor me ciegue,
padre infeliz, con ánimo esforzado,
imitando el zumbar de mansa abeja,
levantar hasta ti mi humilde queja.
Si en mis labios jamás la trompa de oro
con épica expresión sonó robusta,
ni en bélico cantar lancé sonoro
el grito de dolor que al alma asusta,
de ternura infantil todo un tesoro
mi numen te dirá con voz augusta,
y en fácil rima que cantando llora
todo el inmenso afán que me devora.
Yo te diré por qué cuando serena
la noche su amplio manto de zafiros
desplega hermosa, y, de misterios llena,
a ti consagra un himno de suspiros,
de mi lira se escapan con mi pena
en ecos de dolor o en blandos giros
las quejas ¡ay! las quejas que mi pecho
lanza en hirvientes lágrimas deshecho.
Yo te diré, mi Dios, por qué la tierra
es desierto arenal para mis ojos,
y el mundo todo para mí no encierra
sino de muerte pálidos despojos:
porque donde paz hubo encuentro guerra
donde flores de amor tan sólo abrojos,
y es el eterno suspirar del viento
mi grito de dolor y mi lamento.
Es ella, ¡oh Dios!, la hija idolatrada
por quien palpita el corazón y gime
en triste soledad; por quien trocada
en pena mi ilusión, su sello imprime
en mi frente el dolor; y acobardada
ante tu excelsa majestad sublime,
ni acierta el alma a comprender, ni alcanza
más luz ni salvación que tu esperanza.
¡Ella! ¡tan dulce al corazón, tan pura
como el fresco rosal que Mayo enflora!
Mi luz providencial en noche oscura,
en horas de dolor mi blanca aurora.
¡Ella! que objeto fue de mi ternura,
y causa de mis quejas es ahora,
pálida muere, y ante el Sol que nace
cual vaporosa nube se deshace.
Aquí me encuentra el alba contemplando
su rostro angelical y sus cabellos
que tantas veces me extasiaran cuando
mis labios puse con delicia en ellos:
sus ojos miro, y de pavor temblando
contemplo cuál se extinguen sus destellos
y cuan siniestro de la muerte brilla
el apagado tinte en su mejilla.
Y entre mis manos trémulas estrecho
sus manos con placer; su frente oprimo
enternecido a mi convulso pecho,
pensando así que su salud reanimo;
y con mi aliento avivo de su lecho
el extinto calor y el fuego animo
de sus marchitos labios donde impresos
aún viven para mí tan dulces besos.
¡Oh! tú del corazón la flor más bella
que en mis huertos de amor naciste un día
deja que siga tu impalpable huella
en alas ¡ay! de la esperanza mía;
deja que mire en ti la blanca estrella
que cual la escala de Jacob me guía
desde el lecho infeliz do vivo atado
hasta tu regio alcázar encantado.
Sí, mi Dios, sólo tú que Omnipotente
los orbes llenas y el espacio inflamas
con tu inmenso poder, que en saña ardiente
la Tierra puedes convertir en llamas,
o hacer que broten de inexhausta fuente
floridos bosques, vastos panoramas.
y soberbios palacios a millares
desde el oscuro fondo de los mares;
Tú, para quien el Sol no tiene ocaso,
ni el águila caudal pujante vuelo,
y el Orbe trema cuando siente el paso
de tus divinas plantas en el cielo;
que enciendes este fuego en que me abraso
y de las nieblas desgarrando el velo
entre las galas de bellezas tantas
coronado de rayos te levantas;
Tú, que al cristiano corazón le prestas
potentes alas con que a ti se encumbre,
y en todo tu esplendor te manifiestas
del vivido relámpago en la lumbre,
y en las sombras que pueblan las florestas,
y en el raudo torrente, y en la cumbre
de las altas montañas, donde eterno
sus nieves cuaja el borrascoso invierno:
Tú, que lo puedes todo, al alma mía
devuélvele la paz, pues que te imploro
con la afligida voz con que solía
invocarte David, cuando en sonoro
salterio gemidor a ti pedía,
goteando el corazón amargo lloro
piedad a su dolor, y a su tormento,
al compasado son de su lamento.
Pon en mis secos labios la frescura
del bíblico Cedrón, y el eco suave
de la lejana fuente que murmura,
y el trino melancólico del ave;
y mi voz no será de desventura,
ni mi acento será de pena grave,
sino el hosanna plácido que en coro
los ángeles te dan en arpas de oro.
Rafael María de Mendive y Daumy
460-Giosuè Carducci
PANTEÍSMO
No os lo diré jamás, claras estrellas;
ni a ti lo diré nunca, sol fulgente.
Su nombre, hermosa flor de cosas bellas,
en mi pecho ha sonado solamente.
Las estrellas no obstante, en sus reflejos,
mi secreto se cuentan, una a una;
por eso, puesto el sol, sonríen lejos
en todos sus coloquios con la luna.
Y una flor a otra flor con voz secreta
lo murmura en los cármenes risueños;
las aves cantan al pasar: "Poeta,
el amor te ha enseñado dulces sueños".
Nunca dije el secreto de mi vida,
mas divino fragor el hombre clama;
y entre efluvios de acacia florecida
el gran todo murmura: "Ella te ama".
Giosuè Carducci
483-Feliciana Enríquez de Guzmán
MADRIGAL
Dijo el Amor, sentado a las orillas
de un arroyuelo puro, manso y lento:
“Silencio, florecillas,
no retocéis con el lascivo viento;
que duerme Galatea, y si despierta,
tened por cosa cierta
que no habéis de ser flores
en viendo sus colores,
ni yo de hoy más Amor, si ella me mira”.
¡Tan dulces flechas de sus ojos tira!
Feliciana Enríquez de Guzmán
489-Esteban Echeverría
EL AROMA
Flor dorada que entre espinas
tienes trono misterioso,
¡cuánto sueño delicioso
tú me inspiras a la vez!
En ti veo yo la imagen
de la hermosa que me hechiza,
y mi afecto tiraniza,
con halago y esquivez.
El espíritu oloroso
con que llenas el ambiente,
me penetra suavemente
como el fuego del amor;
y rendido a los encantos
de amoroso devaneo,
un instante apurar creo,
de sus labios el dulzor.
Si te pone ella en su seno,
que a las flores nunca esquiva,
o te mezcla pensativa
con el cándido azahar;
tu fragancia llega al alma
como bálsamo divino,
y yo entonces me imagino
ser dichoso con amar.
Esteban Echeverría
516-Hermelindo Rivodó
LAS DOS FLORES
Nace ignorada flor en la espesura
con la luz matinal, risa de Oriente;
casta como la diosa de una fuente,
hija adorable de la noche oscura.
Cuando ya el sol su término apresura,
ella, herida, a espirar dobla la frente;
dulce fragancia esparce en corto ambiente,
y recibe en su tallo sepultura.
Imagen fiel de virgen candorosa,
es tu destino, oh flor, tu misma suerte,
acaso un tiempo cruda y venturosa.
Nace, despliega el alma, aromas vierte;
brilla un instante y un instante es diosa,
y halla en su trono juntas vida y muerte.
Hermelindo Rivodó
636-Ana Francisca Abarca de Bolea y Mur
DÉCIMA A UN JAZMÍN
Estrella entre verdes hojas
naciste radiante y bella,
errante en tu misma estrella
pues te ocasiona congojas.
De los alientos que arrojas
por ese candor nevado,
a presumir he llegado
que hurtó tu mano sutil
si la blancura al marfil
la fragancia a todo el prado.
Ana Francisca Abarca de Bolea y Mur
679-Rainer María Rilke
LAS ROSAS
Si tu frescor a veces impresiona,
rosa feliz, a nuestros corazones,
es que en ti misma,
pétalo contra pétalo reposas.
Conjunto amanecido en cuyo centro
sueñan, y se acarician, infinitas
ternuras de aquel alma silenciosa
que se elevan al vértice del labio.
Rainer María Rilke
688-Francisco de Jesús
UN RUISEÑOR JUNTO A UNA ROSA
Aquélla, la más dulce de las aves,
y ésta, la más hermosa de las flores,
esparcían suavísimos amores
en sus cántos y nácares suaves.
Cuando, suspensa entre cuidados graves,
un alma, que atendía sus primores,
arrebatada a objetos superiores,
les entregó del corazón las llaves.
Si aquí, dijo, en el yermo de esta vida
tanto una rosa, un ruiseñor eleva,
tan grande es su belleza y su dulzura,
¿cuán será la floresta prometida?
¡Oh dulce melodía siempre nueva,
oh siempre floradísima hermosura!
Francisco de Jesús
695-Leonor de la Cueva y Silva
SONETO
Ya se marcha el inverno: ¡albricias, flores,
árboles, fuentes, prados y arroyuelos,
que de el rigor de sus helados velos
os saca el mayo derramando amores!
Ya os cantan dulcemente ruiseñores
llenos de gusto y libres de desvelos,
y liberales los impíreos cielos
os dan la variedad de mil colores.
Ya compone los bellos cuadros Flora,
desafiando el arte a la natura,
a quien vence la hermosa jardinera
que por la vista alegra y enamora,
el alma suspendiendo en la hermosura
de la verde y galante primavera.
Leonor de la Cueva y Silva
710-Isabel de Castro y Andrade
LA ROSA Y EL SOL
Púrpura ostenta, disimula nieve,
entre malezas peregrina rosa,
que mil afectos suspendió frondosa,
que mil donaires ofendió por breve.
Madre de olores a quien ambas debe
lisonjas, no por prenda de la diosa,
mas porque a los aromas deliciosa
lo más sutil de los alientos bebe.
En prevenir al sol tomó licencia:
sintiólo él, que, desde un alto risco,
sol de las flores halla que le incita;
miróla al fin ardiente basilisco,
y, ofendido de tanta competencia,
fulminando veneno la marchita.
Isabel de Castro y Andrade
847-Arabshah
DESCRIPCIÓN DE UN JARDÍN
Cuando llega la dulce primavera
y el cervato fugaz ha desplegado
todas sus fuerzas ya, cuando el arribo
de las rosas el céfiro en los huertos
con su lascivo aliento anuncia, ríen
con murmullo suave los arroyos,
las ramas con respeto se doblegan,
y al vergel concurrimos, que enamora
con sus bellezas a natura misma,
las elevadas nubes, que lo entoldan,
por do quiera derraman sus raudales,
pero en él su cristal hermosas perlas
esparce sobre el bombacino suelo,
donde las copas son como rubíes,
los dientes jaspes con graciosa risa,
ojos cual plata vivos amorosos,
y ramas que al pasar, pequeños numos
con impulso travieso nos arrojan.
Sus aves en los troncos o volando
cantan sonoras, y al bajar trasciende
su cuerpo a almizcle, y se enrarece el aura
cuando por sus colinas atraviesa.
Éste es el paraíso donde luce
con todo su esplendor la luna mía,
y el jardín del Edén, donde con gusto
la inmensa eternidad hace su asiento.
¡Oh, cuánto de alegría en él se encuentra
y cuántos ésta regocijos causa!
Pues no se ve en su seno más que abrazos,
besos, caricias, rebosadas copas,
canto amoroso, plácido sosiego.
Si vinieran aquí los solitarios
perderían su olor, y de sus votos
les quedaría sólo la pobreza.
Vamos, muchacho, dame (pues no es tiempo
de tristezas) el vaso de alegría.
Desliemos en él con su templanza
los adversos acasos de la suerte,
y dame vino y agua, todo junto,
y vigor juvenil y lindo rostro.
No digas nada de esto a los censores
que, preñados de orgullo,se figuran
con enfático tono alucinarnos,
y ninguna expresión se te deslice
que a la nuestra amistad en algo ofenda.
Arabshah
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