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47-Ricardo Jaimes Freyre



LA MUERTE DEL HÉROE

Aún se estremece y se yergue y amenaza con su espada
cubre el pecho destrozado su rojo y mellado escudo
hunde en la sombra infinita su mirada
y en sus labios expirantes cesa el canto heroico y rudo.

Los dos Cuervos silenciosos ven de lejos su agonía
y al guerrero las sombrías alas tienden
y la noche de sus alas, a los ojos del guerrero, resplandece como el día
y hacia el pálido horizonte reposado vuelo emprenden.

Ricardo Jaimes Freyre

61-Emilio Finot



SÉ DIGNO

No pidas favores ni a tu propio hermano
si sobre este mundo te hallas libre y sano.
No grites ni llores en instantes críticos.
Aprende a ser hombre dominando obstáculos.
¡Solo los ancianos y los paralíticos
necesitan báculos!

Trabaja, y no llames "infame egoísta"
a quien, trabajando, bienestar conquista,
y labra una dicha con paciente afán,
y come un pan hoy, guardando otro pan
para que mañana, si el pan escasea,
quien fue hábil obrero, mendigo no sea...

Debes saber, joven, que quizá no existe
en el triste mundo situación mas triste
que la de las gentes que deben favores
y oyen la voz agria de los acreedores.

Si, buscando un puesto que vivir permita
toda una existencia de holganza infinita,
pides el apoyo de falsos políticos,
darás el más triste de los espectáculos.
¡Sólo los ancianos y los paralíticos
necesitan báculos!

Emilio Finot

63-Claudio Peñaranda



EL ALMA DEL AGUA

Cual una cinta de plata,
por la grama verdinegra
se desliza el arroyuelo, murmurando...
¡Y que cosas tan extrañas va diciendo el arroyuelo!

Han herido los guijarros
y los rayos de los soles han quemado
muchas perlas de sus gotas, sepultándolas,
en el seno de la tierra calcinada.
Es por eso que se queja el arroyuelo,
Musitando sus querellas sollozantes...

Canta el rió su cantiga
y sus gotas se desgranan
como alegres carcajadas de los niños,
como risas de mujeres
que trajeran fieles ecos...

Salta el rió entre las piedras, alocado...
Y sus gotas, que salpican a las flores de la orilla,
se columpian en los pétalos
y cayendo como perlas se deshacen y se pierden...

Duerme, duerme el hondo lago...
Suena el lago a la caricia
de la Luna.

Va arreciando la tormenta
y las olas que se juntan formidables,
braman , braman de coraje...
Luego embisten a la altiva roca enhiesta,
con afanes destructores,
y vencidas pronto caen
en cascadas estruendosas
al gran piélago bravío.
Vuelven todos sus rencores
a la nave que esclaviza su dominio,
la sepultan en su seno negro, amargo...

Y se venga el océano
del poder armipotente
de sus débiles señores
en el trágico spoliarium del naufragio...

Sufre al Agua, llora, canta.
Es en veces despiadada,
es en veces compasiva.
¡Tiene un alma!
Y es un alma misteriosa y poliforme la del Agua...

Claudio Peñaranda

208-Natalia Palacios



LA ROSA

Bella flor alejandrina
y peregrina,
que al aura blanca remece,
y en tu cáliz aparece
una gota cristalina.

Es tu aroma delicado
y perfumado,
el suave ambiente que exhalas,
pura ostentando tus galas,
descollando en verde prado.

Su ambrosía en el calor
el picaflor
y la mariposa beben;
sus áurea alas embeben
de tu arbusto alrededor.

Sonrosado tu capullo,
al dulce arrullo
del agua se abre y florece;
él tus hojas reverdece
y te aduerme su murmullo.

La madreselva aromada
vive enlazada
hacia tu tallo, se aprieta.
También modesta violeta
tu pie besa enamorada.

Tímido el junco te nombra;
su fresca sombra
te da el pino majestuoso,
y el musgo fino y vistoso
te sirve de rica alfombra.

Qué feliz, sin pena, vives;
grata recibes
la brisa de la mañana;
siempre gentil y lozana
nunca el dolor apercibes.

Jamás de invierno inhumano
el soplo vano
te marchite ni deshoje,
ni tu belleza despoje,
¡oh, rosal!, con dura mano.

Natalia Palacios

210-Juan Wallparrimachi



TU PUPILA

Como estrella de tu pupila
cayó en mi noche de pena,
quise guardarla en mi pecho,
se tornó en tierna paloma.

Envidioso torbellino
me la quitó de las manos;
para impedir que la siga
me volvió ciego y tullido.

Hecho escarnio de la gente;
por lluvia y sol flagelado,
mi corazón se consume
anhelando a mi paloma.

Juan Wallparrimachi

330-Daniel Calvo



EXCELSO DIOS

Tú, excelso Dios, que amante, en sacrificio
te ofreces por el hombre que es tu hechura,
padre de la virtud, censor del vicio,
oye la voz de humilde criatura.

Da a las campiñas mies, jugo a las flores,
pan a los niños que por hambre lloran;
concede al infortunio horas mejores,
luz a los seres que en las sombras moran.

Por el indio infeliz que no reposa;
por el negro que siente la amargura
de larga esclavitud, y por la hermosa
virgen que pisa nuestra tierra impura.

Yo te ruego por todos...Que la fuente
no se agote, Señor, de tu bondad;
y al bueno, al malo, al rico, al indigente
no le falte tu sol de caridad.

Inmenso Dios, en cuanto a mí, te pido
la sombra de una palma en el desierto,
un alma que responda a mi latido
y, para amarte, un corazón abierto.

Daniel Calvo

334-Armando Chirveches



PRIMAVERA

Hoy pienso en el amor, siento la Vida
bullendo en torno a mí. En cada arbusto
revelase, palpita enardecida
con lascivias y mimos de querida
y yo la miro así triste y adusto.

Las magnolias entreábrense incitantes
con los senos desnudos
en que ponen luciolas palpitantes,
con raudos vuelos y  fugaces nudos,
sus collares nocturnos de diamantes.

En la mórbida tez de los jazmines
columpiase el moscón con peto con oro
y un pájaro canoro,
oculto en el verdor de los jardines,
tañe su flauta de cristal sonoro.

En un añoso tronco que supura
su látex mate como cera vieja,
labra su miel oscura
el blondo reino de una rubia abeja.

De un árbol milenario hasta a una rama,
de una pareja de bayás que se ama,
cuelga el hermoso nido,
cual canasto de bodas

Pasan volando claras mariposas,
como fuga de rosas.
Se ve, al tiempo que el ave curruquea
un idilio rastrero de escarabajo;
se juntan los de arriba y los de abajo.

Es la vida que crece
en el amor abyecto
y en el amor que sube;
en el rápido acoplo del insecto
y en el alzado ensueño de la nube.

Y pienso en el amor. Cruje el follaje
y murmura mil cosas a mi oído
como la fimbria del fular de un traje;
voy cerrando los ojos, adormido,
con la modorra de un deliquio ardiente
y un rostro de mujer que se destaca
sobre fondo de gris... mientras la hamaca
oscila lentamente.

Armando Chirveches

335-Benjamín Guzmán



VIVIR HUMANO

El hombre como el año en su carrera
tiene cuatro estaciones, sin desvío:
comienza con la hermosa primavera
y acaba con las nieves del estío.

El año al expirar emblanquecido
por el invierno, su estación postrera,
ve reemplazando otro año revestido
con los encantos de la edad primera.

Y así igualmente la vejez sombría
que a su fin temblorosa se adelanta
ve al bajar a la tumba estrecha y fría
que en su puesto otra vida se levanta.

Y así en la vida, que es tan solo engaño
tanto más fútil cuanto más querida,
si un año es todo lo que fue una vida,
una vida es tan solo lo que un año.

Benjamín Guzmán

337-Benjamín Blanco



DOLORA

Dicen que el amor es llama,
que es el alma de la vida,
mas yo sé que quien mas ama
más pronto su amor olvida;
y siendo el amor tan breve,
no me admiro,
que aun el soplo se lo lleve
de un suspiro.

"Jamás llegaré a olvidarte",
dice en su locura extrema,
y se va por otra parte...
Cada loco con su tema.
Toda esa pasión que abrasa
¿creerás?...
Es humo, es humo que pasa,
¡nada mas!...

Sucede esto a cada paso
en nuestra existencia escasa:
y ¿creerás, mi bien, acaso,
que el humo también no pasa?...
¡Ay!, de esa ventura leda
que te hechiza,
pasa el humo y solo queda
la ceniza.

El amor que ardiente bebes
y que al Empíreo te eleva,
ceniza es que el viento lleva
envuelta en sus ondas leves.
De tanto amor, entusiasmo
y contento,
no resta, ¡cruel sarcasmo!,
sino viento.

Benjamín Blanco

351-Ricardo José Bustamante



A LA POSTERIDAD

De América al gigante veis dormido,
Dios y la Libertad guardan su lecho.
De Iberia vencedor, venció al olvido
dejando el solio de la gloria estrecho.
Mientras quede en la tierra algún latido,
haya una fibra en el humano pecho,
se han de inclinar los hombres ante el Hombre
que dióle vida y me legó su nombre.

Ricardo José Bustamante

406-Manuel José Cortés



EL JUSTO

Al borde del abismo, el roble erguido,
del huracán resiste al recio embate,
y su lozana copa no se abate
ni aun al golpe del rayo que lo ha herido.

Así, la condición que le ha cabido
sufre el justo, en su vida de combate:
exento de temor su pecho late,
y el dolor no le arranca ni un gemido.

El odio inmerecido no le espanta;
de sus contrarios el ultraje olvida;
el rencor en su pecho nunca impera.

Del deber acatando la ley santa
ve, imperturbable, el drama de la vida,
y el desenlace en otra Vida espera.

Manuel José Cortés

531-Adela Zamudio



QUO VADIS?

Sola, en el ancho páramo del mundo,
sola con mi dolor,
en su confín, con estupor profundo
miro alzarse un celeste resplandor:

¡Es Él! Aparición deslumbradora
de blanca y dulce faz,
que avanza, con la diestra protectora
en actitud de bendición y paz.

Inclino ante Él mi rostro dolorido
temblando de ternura y de temor,
y exclamo con acento conmovido:
-¿A dónde vas, Señor?

-La Roma en que tus mártires supieron
en horribles suplicios perecer
es hoy lo que los Césares quisieron:
emporio de elegancia y de placer.

Allí está Pedro, el pescador que un día
predicó la pobreza y la humildad,
cubierto de lujosa pedrería
ostenta su poder y majestad.

Feroz imitador de los paganos,
el santo inquisidor
ha quemado en tu nombre a sus hermanos…
¿Adónde vas, Señor?

Allá en tus templos donde el culto impera,
¿qué hay en el fondo? O lucro o vanidad.
¡Cuán pocos son los que con fe sincera
te adoran en espíritu y verdad!

El mundo con tu sangre redimido,
veinte siglos después de tu pasión,
es hoy más infeliz, más pervertido,
más pagano que en el tiempo de Nerón.

Ante el altar de la Deidad impura,
huérfana de ideal, la juventud
contra el amor del alma se conjura
proclamando el placer como virtud.

Las antiguas barbaries que subsisten,
sólo cambian de nombre con la edad;
la esclavitud y aun el tormento existen
y es mentira grosera la igualdad.

Siempre en lucha oprimidos y opresores
de un lado, la fortuna y el poder,
del otro, la miseria y sus horrores;
y todo iniquidad… Hoy como ayer.

Hoy como ayer, los pueblos de la tierra
se arman para el asalto y la traición,
y alza triunfante el monstruo de la guerra
su bandera de espanto y confusión.

Ciega, fatal, la humanidad se abisma
en los antros del vicio y del error.
Y duda, horrorizada de sí misma…
¿A dónde vas, Señor?

Adela Zamudio 

773-María Josefa Mujía



LA CIEGA

¡Todo es noche, noche oscura!
Ya no veo la hermosura
de la luna refulgente;
del astro resplandeciente
tan sólo siento calor.
No hay nubes que el cielo dora:
ya no hay alba, no hay aurora
de blanco y rojo color.

Ya no es bello el firmamento:
ya no tienen lucimiento
las estrellas en el cielo
-todo cubre un negro velo-,
ni el día tiene esplendor.
No hay matices ni colores;
ya no hay plantas, ya no hay flores
ni el campo tiene verdor.

Ya no gozo la belleza
que ofrece Naturaleza,
lo que al mundo adorna y viste;
todo es noche, noche triste
de confusión y pavor.
Doquier miro, doquier piso,
nada encuentro, y no diviso
más que lobreguez y horror.

Pobre ciega, desgraciada,
flor en su abril marchitada,
¿qué soy yo sobre la tierra?
Arca do tristeza encierra
su más tremendo amargor;
y mi corazón enjuto
cubierto de negro luto,
en el trono del dolor.

En mitad de su carrera,
cuando más luciente era,
de mi vida el astro hermoso,
en eclipse tenebroso
por siempre se oscureció.
De mi juventud lozana,
la primavera temprana
en invierno se trocó.

Mil placeres halagüeños,
bellos días y risueños,
el porvenir me pintaba,
y seductor me mostraba
por un prisma encantador.
Las ilusiones volaron,
y en mi alma sólo quedaron
la amargura y el dolor.

Cual cautivo desgraciado
que se mira condenado
en su juventud florida
a pasar toda su vida
en una horrenda prisión;
tal me veo; de igual suerte,
sólo espero que la muerte
de mí tendrá compasión.

Agotada mi esperanza,
ya ningún remedio alcanza
ni una sombra de delicia
a mi existencia acaricia;
mis goces son el sufrir;
y en medio de esta desdicha,
sólo me queda una dicha,
y es la dicha de morir.

María Josefa Mujía