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9-Juhan Liiv



CÉLERES OLAS

¿A dónde se apresuran errabundas
las olas como un susurrante arrullo,
trepando hacia el sol y balbuceando
como blancas flores?

Vayamos raudos hacia el mar
dancemos con las doradas luces,
corramos bajo la bóveda celeste,
desapareciendo en la bruma.

Juhan Liiv

63-Claudio Peñaranda



EL ALMA DEL AGUA

Cual una cinta de plata,
por la grama verdinegra
se desliza el arroyuelo, murmurando...
¡Y que cosas tan extrañas va diciendo el arroyuelo!

Han herido los guijarros
y los rayos de los soles han quemado
muchas perlas de sus gotas, sepultándolas,
en el seno de la tierra calcinada.
Es por eso que se queja el arroyuelo,
Musitando sus querellas sollozantes...

Canta el rió su cantiga
y sus gotas se desgranan
como alegres carcajadas de los niños,
como risas de mujeres
que trajeran fieles ecos...

Salta el rió entre las piedras, alocado...
Y sus gotas, que salpican a las flores de la orilla,
se columpian en los pétalos
y cayendo como perlas se deshacen y se pierden...

Duerme, duerme el hondo lago...
Suena el lago a la caricia
de la Luna.

Va arreciando la tormenta
y las olas que se juntan formidables,
braman , braman de coraje...
Luego embisten a la altiva roca enhiesta,
con afanes destructores,
y vencidas pronto caen
en cascadas estruendosas
al gran piélago bravío.
Vuelven todos sus rencores
a la nave que esclaviza su dominio,
la sepultan en su seno negro, amargo...

Y se venga el océano
del poder armipotente
de sus débiles señores
en el trágico spoliarium del naufragio...

Sufre al Agua, llora, canta.
Es en veces despiadada,
es en veces compasiva.
¡Tiene un alma!
Y es un alma misteriosa y poliforme la del Agua...

Claudio Peñaranda

70-Pedro Jara Carrillo



EL SONETO

Es el soneto la gentil y alada
nave que surca el mar de la poesía;
es el poeta timonel que guía,
es la palabra estela plateada.

A las cuerdas del verso aprisionada
la vela de la estrofa se deslía,
y es el cierzo del alma hecho armonía
el que empuja la quilla acompasada.

Van los catorce remos de la nave
con el augusto aletear süave
que se desgrana en perlas por el viento;

y al perderse la rítmica velera,
muestra el palo mayor, como bandera,
el regio pabellón del pensamiento.

Pedro Jara Carrillo

160-Arthur Rimbaud



¡LA HEMOS VUELTO A HALLAR!

¡La hemos vuelto a hallar!
¿Qué?, la Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según...

Nunca la esperanza,
no hay oriente.
Ciencia y paciencia.
El suplicio es seguro.

Ya no hay mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.

¡La hemos vuelto a hallar!
-¿Qué?- -La Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Arthur Rimbaud

195-Vicente Medina



CARPINTERO DE RIBERA

Haciendo un barquito estás,
carpintero de ribera...
Haciendo un barquito estás,
de madera...

¿Adónde irá ese barquito
cuando le pongan la vela?
¿Adónde irá ese barquito,
carpintero de ribera?

Trabajando en tu barquito,
carpintero, te recreas,
¡para que luego la mar
haga con él lo que quiera!

En la playa
carpintero de ribera,
tu barquito
armando estás en la arena.

La mar azul está en frente,
risüeña,
y, para jugar con él,
la mar tu barquito espera...

¿Quién no está haciendo un barquito?
¿Quién no sueña?
¡No haces tú solo barquitos,
carpintero de ribera!

Vicente Medina

212-Andrés Héctor Lerena Acevedo



MAR HURAÑO

Muere el sol. Los pesqueros sobre sí se repliegan.
El mar vinoso y áspero yergue su crin bravía.
Y ellos, graves, indagan la móvil lejanía
del ponto levantisco… ¡y las barcas no llegan!

Las cabañas desiertas en la playa aldeana
demacradas, se agrupan, como salvajes hordas.
¡Y pensar que zarparon con el sol en las bordas
cuando sus hebras de oro trenzaba la mañana!

Las redes del crepúsculo sobre el mar se despliegan
turbias y presagiosas… ¡y las barcas no llegan!
Arisco, muge el viento con su broncínea voz.

Sobre el acantilado se recortan, sañudos,
los perfiles marinos, escrutadores, mudos.
Si volverán las barcas… sólo lo sabe Dios!

Andrés Héctor Lerena Acevedo

332-Tomás Morales Castellano



PUERTO DESCONOCIDO

Puerto desconocido, desde donde partimos
esta noche, llevándonos el corazón opreso;
cuando estamos a bordo, y en el alma sentimos
brotar la melancólica ternura del regreso.

Silencio; tras los mástiles la luna, pensativa,
en las inquietas ondas su plenitud dilata;
y en el cielo invadido por la pereza estiva,
las estrellas fulguran como clavos de plata.

¡Oh, sentirnos tan solos esta noche infinita,
cuando, acaso, un suspiro de nuestra fe marchita
va a unirse al encantado rumor del oleaje!

Y emprender, agobiados, la penosa partida
sin que un blanco pañuelo nos de la despedida
ni haya una voz amiga que nos grite: ¡Buen viaje!

Tomás Morales Castellano

338-Hipólita de Narváez



SONETOS

I

Engañó el navegante a la sirena,
el dulce canto en blanda cera roto;
y ayudado del santo, su devoto,
el cautivo huyó de la cadena.

De la serpiente que en la selva suena,
la virgen se libró con alboroto,
y de las ondas se escapó el piloto
haciendo remo el brazo, nao la entena.

Yo, fuerte, presa tímida, constante,
venzo sirenas, sierpes, ondas, hierro,
y sola muero a manos de mi daño.

Virgen, piloto, esclavo, navegante,
ven, libres, que no importa a mi destierro
voto, temor, necesidad, engaño.


II

Fuése mi sol y vino la tormenta,
que yo no espero de su ausencia menos,
y el cielo turquesado sus serenos
ojos cubrió, obligado de la afrenta.

Un acento tristísimo revienta
entre los vientos de tinieblas llenos;
tiemblan las nubes con los roncos truenos,
arden los campos, el temor se aumenta.

Salió mi sol y de dorados jaspes
vistió su oriente, y de esmeraldas finas
los altos montes y las llanas tierras;

bordó las vagas nubes de giraspes,
sudaron rubias mieles las encinas
y blanca leche las azules tierras.


III

Leandro rompe, con gallardo intento,
el mar confuso, que soberbio brama;
y el cielo, entre relámpagos, derrama
espesa lluvia con furor violento.

Sopla con fuerza el animoso viento,
triste de aquel que es desdichado y ama,
al fin al agua ríndese la llama,
y a la inclemente furia el sufrimiento.

Mas, ¡oh felice amante!, pues al puerto
llegaste deseado de ti tanto,
aunque con cuerpo muerto y gloria incierta.

Y desdichada yo, quien mar incierto,
muriendo entre las aguas de mi llanto,
aún no espero tal bien después de muerta.

Hipólita de Narváez

355-Raimundo Echevarría Larrazábal



LAS LEYENDAS DEL MAR

Capitán,
padre mío,
capitán de navío,
¿dónde están
las ciudades azules
y los puertos sombríos,
y las lindas mujeres
que murieron de hastío,
esperando tu vuelta?

Capitán,
padre mío,
¿dónde están los ocasos violentos,
las velas que cantaban
en las manos del viento,
y el negro de Manila,
que te iba a matar:
las leyendas de Cuba,
las leyendas del mar,
Capitán
padre mío,
dónde están... dónde están?

Ahora eres un barco,
encallado en los pueblos;
te aburres como todas
las naves, en los puertos,
quisieras ver tu vela
enganchada en el viento...
¡navegar, navegar!...
Y veinte marineros,
como veinte recuerdos,
encienden con sus pipas
los horizontes negros.

Capitán,
padre mío,
¿dónde están,
las ciudades azules
y los puertos sombríos?...
Capitán,
padre mío,
¿Dónde están?...¿Dónde están ?

Raimundo Echevarría Larrazábal

357-José María Ortega Martínez



LEY DIVINA

Cautivo el mar enfurecido estalla,
implacable y tenaz en sus rencores;
cuantos fueron del mundo moradores
le vieron batallar cual hoy batalla.

De leve arena incontrastable valla
opuso el Hacedor a sus furores,
y del tiempo insensible a los rigores
ni duerme, ni sosiega, ni se calla.

Enmudece la ciencia ante el misterio,
y no concibe el pensamiento osada
tanta soberbia en tanto cautiverio.

Dios dijo al mar sañudo y encrespado,
la linde al señalarle de su imperio:
¡De aquí no has de pasar… y no ha pasado!

José María Ortega Martínez

511-Domingo Rivero



EL MUELLE VIEJO

Cuando el sol de la tarde sus rayos amortigua
y al muelle en sombra dejan sus pálidos reflejos,
por las aceras toscas de la explanada antigua,
siguiendo su costumbre, van llegando los viejos.

Desde ese muelle, anhelo de tres generaciones,
en otro tiempo vieron, sobre la azul llanura,
cruzar las blancas velas de las embarcaciones
como presagio humilde de la ciudad futura.

Y hoy, desde el viejo muelle, silencioso y desierto,
miran con turbios ojos salir del nuevo puerto
para Marsella o Londres, Hamburgo o Liverpool,

en vez de los pequeños veleros de estos días,
vapores poderosos que exportan mercancías
y manchan de humo negro el horizonte azul.

Domingo Rivero

646-Justo Sierra Méndez



PLAYERA

Baje a la playa la dulce niña,
perlas hermosas le buscaré,
deje que el agua durmiendo ciña
con sus cristales su blanco pie...

Venga la niña risueña y pura,
el mar su encanto reflejará
y mientras llega la noche oscura
cosas de amores le contará.

Cuando en levante despunte el día
verá las nubes de blanco tul
-como los cisnes de la bahía-
rizar serenos el cielo azul.

Enlazaremos a las palmeras
la suave hamaca y en su vaivén
las horas tristes irán ligeras
y sueños de oro vendrán también.

Y si la luna sobre las olas
tiende de plata bello cendal,
oirá la niña mis barcarolas
al son del remo que hiende el mar,

mientras la noche prende en sus velos
broches de perlas y de rubí,
y exhalaciones cruzan los cielos
lágrimas de oro sobre el zafir.

El mar velado con tenue bruma
te dará su hálito arrullador,
que bien merece besos de espuma
la concha nácar, nido de amor.

Ya la marea, niña, comienza,
ven que ya sopla tibio terral,
ven y careyes tendrá tu trenza
y tu albo cuello rojo coral.

La dulce niña bajó temblando,
bañó en el agua su blanco pie,
después, cuando ella se fue llorando,
dentro las olas perlas hallé.

Justo Sierra Méndez

726-Alberto Ortiz



TINTA CREPUSCULAR

Crepúsculo, dile al viento
que llegue a mi madre buena,
y le murmure que siento
por su ausencia una honda pena.

Que cuando miro las brumas
de las riberas lejanas,
los hilos de las espumas
me van fingiendo sus canas.

Que en cada marina brisa
va tejida una sonrisa
del que una tarde partió.

Y que en el mar o en la playa
siempre beso la medalla
que en el pecho me prendió.

Alberto Ortiz

765-Charles Baudelaire



EL ALBATROS

A menudo se mofan los simples marineros
de los grandes albatros que coronan los mares,
esas aves que siguen su navío indolentes
dibujando en los cielos con sus alas gigantes.

Una vez que colocan su cuerpo en la cubierta,
los reyes del azul rinden sus blancas alas,
como remos que duermen colgando en sus costados
sin que los tripulantes sientan ninguna lástima.

Ahora el ave parece tan torpe, tan inútil,
ha poco fue tan bello, pero ahora es tan horrible;
uno le abrasa el pico con su pipa asesina
mientras otro se mofa sobre él haciendo chistes.

Pues sin duda el Poeta es cual es este príncipe,
que reina en la tormenta y ríe del arquero,
mas abajo exiliado se le acaba la fiesta:
sus alas de gigante le arrastran por el suelo.

Charles Baudelaire

770-Antonio Arnao y Espinosa de los Monteros



BARCAROLA

Brillan las nubes en nácar y en oro;
sol esplendente se ve despuntar...
Leda conmigo, que ciego te adoro,
surca las ondas que rizan la mar.
Ella te brinda con plácido acento
puro contento,
venturas sin par.

Aves marinas de cándida pluma
vuelan en torno con vivo placer;
peces dorados, hendiendo la espuma,
siguen la barca, tus ojos por ver.
Brisa ligera tu labio acaricia,
casta delicia
queriendo tener.

Lejos del mundo que llora sus penas
hondo silencio rondando en redor,
tornen al alma las horas serenas,
libre pudiendo vivir sin dolor.
Hoy ante el cielo que grato sonríe
clara nos guíe
la fe del amor.

Antonio Arnao y Espinosa de los Monteros

791-Serafín Estébanez Calderón



LA TARDE

¡Qué fresco delicioso
corre por la marina,
y el pecho, al blanco influjo,
con qué placer respira!

Sobre las claras aguas
salta la afable brisa,
y en soplos apacibles
el verde azul agita.

El mar, al fausto beso
en olas mil se riza,
y con leve murmullo
lame la hermosa orilla.

El Sol, ya trasponiendo
por las opuestas cimas,
hiere con tibios rayos
las aguas cristalinas.

La luz se desvanece
en el movible prisma,
y entre hermosos colores
que su perfil matizan,

los africanos montes,
con rosadas neblinas,
en la región del Moro
se roban a mi vista.

La alegre gavïota
allá en los aires gira,
y tras el pez dorado,
veloz, al mar se libra.

Zambúllese, trazando
mil ruedas cristalinas,
que entre insensibles sombras
se apagan cual la vida.

El ave sale ilesa
sobre las tersas linfas,
meciéndose entre espuma
como pomposa isla.

El marinero canta,
remando en su barquilla,
sus sencillos amores,
sus redes y fatigas.

El ave de la noche
en las rocas vecinas
se angustia y se lamenta
con voces doloridas.

Del Norte las tinieblas
a descender principian,
y entre pardos celajes
la Luna se divisa.

En tanto, errante, vaga
mi mente embebecida
tras la imagen incierta
de mi esperada dicha:

¡Dicha infiel e inconstante,
cual del abril los días,
engañosa cual sombra,
cual viento fugitiva!

Serafín Estébanez Calderón

844-Gaspar Octavio Hernández



EGO SUM

Ni tez de nácar, ni cabellos de oro
veréis ornar de galas mi figura;
ni la luz del zafir, celeste y pura,
veréis que en mis pupilas atesoro.

Con piel tostada de atezado moro;
conejos negros de fatal negrura,
del Ancón a la verde falda oscura
nací frente al Pacífico sonoro.

Soy un hijo del mar… porque en mi alma
hay -como sobre el mar- noche de calma,
indefinibles cóleras sin nombre,

y un afán de luchar conmigo mismo,
cuando en penas recónditas me abismo
pienso que soy un mar trocado en hombre.

Gaspar Octavio Hernández

845-Saadi



LA GOTA DE AGUA

Bajaba, de las nubes desprendida,
una gota a la mar, estremecida.
¡Cuánta agua!, exclama. ¡Qué extensión! Soy nada
con esta enorme masa comparada.
En tanto que ella con rubor se encoge,
una concha en su seno la recoge,
la abriga, la alimenta de tal suerte,
que en una hermosa perla se convierte,
y ora brilla en la frente de un rey puesta.
¡Tal premio consiguió por ser modesta!

Saadi

897-Eduardo de la Barra



EL MAR

Vi un día el mar altivo y arrogante
hinchar su seno, y al rugir del viento
tempestuoso lanzar desde su asiento
altas montañas con poder gigante.

Y lo vi en su furor amenazante
pretender escalar el firmamento
y vi que a refrenar tan vano intento
fue una mirada de su Dios bastante.

Volvió la calma, y sólo bulliciosa
una tras otra olilla rodó aprisa
jugueteando en su falda veleidosa.

Al raudo viento sucedió la brisa,
la crespa ondina a la ola tempestuosa,
¡tal mis dolores calma tu sonrisa!

Eduardo de la Barra