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203-Francisco Lazo Martí



EL TURBADOR

En silencio la selva se recrea:
ya no turba su paz el rudo hachero
a cuyo golpe aquel roble altanero
vibraba con un ritmo de odisea.

Junto al árbol que un hálito menea,
presa de oculto mal yace el bracero:
y a través de la fronda un sol artero
con lanza de cien puntas lo alancea.

Abrazado a su hacha de combate,
contraída la faz, el ceño adusto,
en garras de la fiebre se debate.

Y bajo el roble –de su vida ignota–
finge su cuerpo miserable arbusto
que despiadado el vendaval azota.

Francisco Lazo Martí

231-Felipe Estévez



A UN AMIGO POETA

Canta poeta: tu laúd sonoro
la noble inspiración tiene del arte;
Justiciera Polimnia al escucharte
en tus manos dejó su plecto de oro.

Canta y espera que en luciente coro
vayan entusiasmadas a admirarte
las ninfas que del Pindo, al coronarte,
en aplausos te ofrezcan un tesoro.

No desmaye tu aliento en la carrera
que en alas del amor y el sentimiento
a la región conduce de la gloria;

tu espíritu mantén en esa esfera
que del genio creador es elemento,
y en ella clara brillará tu historia.

Felipe Estévez

322-Mariano de Talavera y Garcés



SONETO

Cristo amoroso que en la cruz clavado,
tu pecho muestras por mi amor herido,
lava en tu sangre con eterno olvido
la mancha torpe de mi vil pecado.

Por ser fuente de bienes me has amado
y con muerte afrentosa redimido;
por serlo yo de males te he ofendido
y tus justos preceptos quebrantado.

Tu real palabra has obligado a darme
los bienes cuando yo te los pidiera,
¡con tan gran caridad llegaste a amarme!

¡Oye, Señor mi petición postrera!
Pues moriste por sólo perdonarme,
¡perdóname, Señor, antes que muera!

Mariano de Talavera y Garcés

343-Jesús María Morales Marcano



A PIRRA

¿Quién es, Pirra, el esbelto adolescente,
que, de aromas y esencias perfumado,
a tu seno se estrecha, en apartado
sitio en que reina voluptuoso ambiente?

¿Tu cabello, por quién, rubio y luciente,
con llaneza gentil llevas trenzado?
¡Ay!, cuántas veces llorará el cuitado
en breve tu falacia, ante el potente.

¡Dios del Amor, ya indócil a su ruego!
¡Con cuánto asombro encontrará bravía
la mar que surca plácida, él, que ignora

las perfidias del viento y que en ti fía
extasiado en tu amor! ¡Ay del que ciego
se rinde a tu beldad deslumbradora!

Jesús María Morales Marcano

357-José María Ortega Martínez



LEY DIVINA

Cautivo el mar enfurecido estalla,
implacable y tenaz en sus rencores;
cuantos fueron del mundo moradores
le vieron batallar cual hoy batalla.

De leve arena incontrastable valla
opuso el Hacedor a sus furores,
y del tiempo insensible a los rigores
ni duerme, ni sosiega, ni se calla.

Enmudece la ciencia ante el misterio,
y no concibe el pensamiento osada
tanta soberbia en tanto cautiverio.

Dios dijo al mar sañudo y encrespado,
la linde al señalarle de su imperio:
¡De aquí no has de pasar… y no ha pasado!

José María Ortega Martínez

422-Udón Pérez



FLORES Y VERSOS

Sacudiste colérica el ramaje
del limonero en flor; y el limonero
sacudido por ti, con un reguero
de níveas flores respondió al ultraje.

También yo sufro tu rigor severo;
y en pago a tu rigor semisalvaje,
te rinde en mis estrofas homenaje
el infinito amor con que te quiero.

Sé que hollarás también mi poesía,
como del verde limonero un día
hiciste añicos los botones tersos.

Mas es ley natural que a tus rigores
responda el limonero con sus flores,
y el bardo que te adora, con sus versos.

Udón Pérez

516-Hermelindo Rivodó



LAS DOS FLORES

Nace ignorada flor en la espesura
con la luz matinal, risa de Oriente;
casta como la diosa de una fuente,
hija adorable de la noche oscura.

Cuando ya el sol su término apresura,
ella, herida, a espirar dobla la frente;
dulce fragancia esparce en corto ambiente,
y recibe en su tallo sepultura.

Imagen fiel de virgen candorosa,
es tu destino, oh flor, tu misma suerte,
acaso un tiempo cruda y venturosa.

Nace, despliega el alma, aromas vierte;
brilla un instante y un instante es diosa,
y halla en su trono juntas vida y muerte.

Hermelindo Rivodó

534-José María Salazar



CESAR

Alta la frente, audaz, dominadora,
radiante al sol el formidable acero,
traspasa el Rubicón el gran guerrero,
y el orbe en pasmo su poder adora.

Mas temblando del mundo la señora
al ver del héroe el continente fiero,
al vencedor del galo y del ibero
se rinde, vil, y su ignominia llora.

El gran Pompeyo, en su terror profundo
de César huye, y en campal batalla
por la alma libertad, lucha sin fruto.

Triunfante César encadena el mundo,
y el mundo todo en su presencia calla,
menos el brazo y el puñal de Bruto.

José María Salazar

536-Cruz Salmerón Acosta



PIEDAD

No era el amor lo que ella me tenía,
era tal vez piedad, lástima era,
porque mi oculta pena comprendía
y ella se compadece de cualquiera.

Hoy que voy recobrando mi alegría,
animado quizás de una quimera,
se va tornando mucho menos mía,
como si ella ya no me quisiera.

Yo sí he formado de mi amor un culto,
y en tanto aquí mi juventud sepulto
y la aureola del martirio ciño,

¡no me quites, Señor, mi sufrimiento,
si es que habré de perder con mi tormento
la conmiseración de su cariño!

Cruz Salmerón Acosta

539-Miguel Sánchez Pesquera



LA CIGARRA

Amor del sol, mi origen es divino;
embelesado Sócrates me oía;
delicias era de la Grecia un día;
me habló Virgilio en verso peregrino.

Cantar, amar, morir es mi destino.
Yo de la ciencia gaya en la porfía,
el premio soy que el trovador ansía.
Canto la siesta en odorante pino.

Soy la cigarra; en el tendido llano
nací de junio en el calor primero,
alma del trigo y su fecundo grano;

y enamorada de la luz espero,
la encendida mañana del verano,
y canto el sol y cuando canto muero.

Miguel Sánchez Pesquera

556-Domingo Santos Ramos



EL PENSAMIENTO

Penetra en los dominios de la Gloria,
altivo, audaz, magnífico, sereno,
pide al rayo su luz, su voz al trueno,
recorre los anales de la historia.

De Maratón evoca la memoria,
surca veloz el lago Trasimeno,
y de su turbio, ensangrentado seno
parte a decir de Aníbal la victoria.

Mas, si osas aspirar a eterna fama
y a vivir en el fúlgido palacio,
do brilla eterna la divina llama

de la inmortalidad, alza tu vuelo:
en alas de la Fe cruza el espacio
y canta a Dios en la región del cielo.

Domingo Santos Ramos

575-Andrés de Jesús María y José Bello López



MIS DESEOS

Sabes, rubia, ¿qué gracia solicito
cuando de ofrenda cubro los altares?
No ricos muebles, no soberbios lares,
ni una mesa que adule al apetito.

De Aragua a las orillas un distrito
que me tribute fáciles manjares,
do vecino a mis rústicos hogares
entre peñascos corra un arroyito.

Para acogerme en el calor estivo,
que tenga un arboleda también quiero,
do crezca junto al sauce el coco altivo.

¡Felice yo si en este albergue muero,
y al exhalar mi aliento fugitivo,
sello en tus labios el adiós postrero!

Andrés de Jesús María y José Bello López

579-Rafael María Baralt



A DIOS

Cielos, orbes y abismos reverentes
narran tu gloria, ¡oh Dios!, y tu grandeza;
y ante el sol inmortal de tu belleza
postran los santos las radiosas frentes.

Materia y forma, especies y vivientes
sacaste a luz con próvida largueza;
y bebe, sin cesar, naturaleza
copiosa vida en tus eternas fuentes.

Diste al hombre tu imagen, y un destello
es su razón de tu razón sublime,
con que pusiste al gran prodigio el sello;

pues sólo aquel es digno de adorarte
que en libre estadio el pensamiento esgrime,
y libre puedo, aunque en error, negarte.

Rafael María Baralt

659-Cecilio Acosta



A LA LIBERTAD

Brame el Ponto de cólera irritado
a empuje rudo de huracán horrendo;
ruja y reviente en hervoroso estruendo
el ronco remolino arrebatado.

Desdichas dé como cosecha el hado;
pavesas sólo el universo ardiendo;
caiga el Cielo a pedazos, y, cayendo,
deje el orbe en sus ruinas sepultado.

¡Silencio ya y terror! Devoren penas
lo que han de devorar después gusanos;
el resto acaben las feroces hienas.

Y haya sólo al dolor ecos lejanos…
Esto primero que arrastrar cadenas;
primero, sí, que soportar tiranos.

Cecilio Acosta

769-Francisco Guaicaipuro Pardo



SOLEDAD

¿A qué tan dulces horas
traer al corazón, Leonor altiva,
si el sol de esas auroras
ya pasó como lumbre fugitiva?

Callada está la ola
del blando río; el aura no despierta;
y mi alma está sola;
y la tuya, Leonor, la tuya, muerta.

Mira el bosque, sombrío;
mustio el ciprés; fatídica la nube;
y tu suspiro frío,
como esa niebla que del lago sube.

De tanto amor abrigo,
allí está -¿no la ves?- seca la palma
que fue mudo testigo
del amor de tu alma y de mi alma.

¡Iris de mil colores,
qué espléndido brillaste una mañana!
Te fuiste con sus flores
y entre sus orlas de zafiro y grana.

Todo sobre la ola
pasó, del tiempo, con tu amor y el mío;
y mi alma está sola;
y está, sin ti, mi corazón vacío.

Francisco Guaicaipuro Pardo

790-Antonio Ros de Olano



SONETO

¡Santa Naturaleza!, yo que un día,
prefiriendo mi daño a mi ventura,
dejé estos campos de feraz verdura
por la ciudad donde el placer hastía,

Vuelvo a ti arrepentido, amada mía,
como quien de los brazos de la impura
vil publicana se desprende y jura
seguir el bien por la desierta vía.

¿Qué vale cuanto adorna y finge el arte,
si árboles, flores, pájaros y fuentes
en ti la eterna juventud reparte,

Y son tus pechos los alzados montes,
tu perfumado aliento los ambientes,
y tus ojos los anchos horizontes?

Antonio Ros de Olano

802-Abigail Lozano



LA BIBLIA

Yo he leído ese libro misterioso
que por el mismo cielo fue dictado;
del Profeta y del Ángel he escuchado
de nube en nube retronar la voz.
He asistido al festín de las ciudades,
y de sus copas al hirviente ruido,
he escuchado el horrísono chasquido
de las llamas coléricas de Dios.

Mas ni el Ángel, ni el fuego, ni el Profeta
han dejado un recuerdo en mi memoria,
como una triste y dolorosa historia
que vive en ese Libro inmemorial.
Es la historia de un Niño que en el cielo
durmió el sueño primero de la vida,
y al abrazar una ilusión querida,
despertó en este valle terrenal.

Mas despertó en los brazos cariñosos
de una Virgen purísima y divina,
hermosa cual la estrella matutina,
más pura que el radiante serafín.
Cada letra del nombre de esa Virgen
es en el cielo un canto, una armonía:
la tierra misma al pronunciar María
exhala el dulce aroma del jazmín.

A ese nombre Luzbel en sus abismos
tiembla... ve el cielo y brilla suspendida
en su pupila cárdena, encendida,
una lágrima hirviente de dolor.
Porque ese nombre lo llevó en la tierra
una mujer que alimentó en su seno
al Dios que guarda entre la nube el trueno,
el relámpago, el rayo abrasador.

Del sagrado Jordán las aguas puras,
de aquel Niño la imagen retrataron;
sus playas solitarias escucharon
el beatífico nombre de Enmanuel,
a esa voz se inclinaron con respeto
los árboles del bosque y las montañas;
y del Jordán las olvidadas cañas
humillaron su rústico dosel.

Aquel Niño creció... Mas unos hombres
le escupieron el rostro y le mofaron,
y en sus hombros sagrados colocaron
una pesada y vergonzosa cruz.
Él la llevó hasta el Gólgota bendito,
y en ella con furor le suspendieron,
y de espinas, sacrílegos, ciñeron
la sien del genio que formó la luz.

La Madre estaba allí.., y en su abandono
la salpicó la sangre del Calvario...
¿Quién enjugó sus llantos? El sudario,
prenda de amor del Niño que perdió...
La Madre estaba allí.. . Flor solitaria
que brota en la maleza del desierto,
y que cierra su cáliz entreabierto,
cuando huye el sol que su calor le dio.

Sí; ni el Ángel, ni el Santo, ni el Profeta
han dejado un recuerdo en mi memoria,
como la triste y dolorosa historia
que vive en ese Libro inmemorial.
Los siglos rugirán sobre las torres
que levanta a las nubes el orgullo;
mas su potente y colosal murmullo
respetará esa página inmortal.

Abigail Lozano

905-Eduardo Calcaño



SACRA NAVIS

Náufrago voy sin fuerza y sin aliento,
luchando con la solas de la vida,
hiere mi faz la espuma enfurecida,
me estremece el turbión, me injuria el viento.

Sólo en tu barca, oh Pedro, hay salvamento
para mi alma por el mundo herida;
bien la miro, del Noto combatida,
bregar con el colérico elemento.

Mas quiero en ella ir, que naveguemos
por rumbo que la fe tiene antevisto;
truenos, rayos, tormentas… todo inútil.

No temo zozobrar, -al puerto vamos,
que es tu vela la túnica inconsútil
y llevas de timón la cruz de Cristo.

Eduardo Calcaño

917-José Antonio Calcaño



A DIOS

Tú eres el dueño, el mundo es tu plantío.
Tú eres quien siembra, el hombre es tu simiente.
El que quieras, yo soy humildemente,
florecido rosal o espino umbrío.

Pódame a tu placer, ¡oh, Señor mío!
Míname en mi raíz, hiere mi frente,
no me riegue la nube ni la fuente,
dame por primavera el seco estío.

Mas cuando el campo a la cizaña vea
de tu segur caer al filo agudo
y en haces ya para su fin postrero,

el día de tu siega, haz tú que sea
un grano yo, siquiera el más menudo,
del trigo que se guarde en tu granero.

José Antonio Calcaño

920-Simón Calcaño



LA MUERTE DEL POETA

Canta la patria y el amor, ferviente
culto tributa a la virtud divina;
como el sol los espacios ilumina,
que un rayo de su luz lleva en la mente.

No se dobla ante el déspota insolente
ni el oro vil su corazón domina;
ante el altar de la verdad inclina
ceñida de laurel la noble frente.

Y cuando al fin de la vital jornada
viene la muerte a detenerle el paso
y apaga el numen que agitó al gigante,

baja el Poeta a la postrer morada
como desciende el sol hacia su ocaso
dejando tras de sí rastro brillante.

Simón Calcaño