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Buscaba yo a Dios...

Buscaba yo a Dios en las páginas de un libro grueso.
Era un sabio el que lo había escrito.
Leía y leía, trataba de comprender, pero la lectura
se me hacía fastidiosa, y yo no encontraba a Dios.
Cerré el libro y miré por la ventana
abierta en la noche extasiada.
El cielo me abría su manto de estrellas,
plácidas y silenciosas.
Cuando entorné los ojos, sentí que había encontrado a Dios
por el camino de las estrellas.

Manuel Marín Triana

21-Ibn Zaydun


 
ALEJADOS

Alejados uno de otro,
mis costados están secos de pasión por ti,
y en cambio no cesan mis lágrimas...
Al perderte, mis días han cambiado
y se han tornado negros,
cuando contigo hasta mis noches eran blancas.
Diríase que no hemos pasado juntos la noche,
sin más tercero que nuestra propia unión,
mientras nuestra buena estrella
hacía bajar los ojos de nuestros censores.
Éramos dos secretos en el corazón de las tinieblas,
hasta que la lengua de la aurora
estaba a punto de denunciarnos.

Ibn Zaydun

33-Ibn Abi Ruh



EL RÍO DE LA MIEL

Detente junto al río de la Miel, párate y pregunta
por una noche que pasé allí hasta el alba,
a despecho de los censores,
bebiendo el delicioso vino de la boca
o cortando la rosa del pudor.
Nos abrazamos como se abrazan
los ramos encima del arroyo.
Había copas de vino fresco
y nos servía de copero el aquilón.
Las flores, sin fuego ni pebetero,
nos brindaban el aroma del áloe.
Los reflejos de las candelas eran como puntas
de lanzas sobre loriga del río.
Así pasamos la noche hasta que nos hizo
separarnos el frío de las joyas.
Y nada excitó mi melancolía
más que el canto del ruiseñor.

Ibn Abi Ruh

39-Al Mutadid



CUÁNTAS NOCHES

¡Cuántas noches pasé allí
al lado de una muchacha
de esbelto y airoso talle
y firmes caderas anchas!
¡Y cuántas noches también
pasé a la orilla del agua
con la linda cantaora
en la vega solitaria!

Al Mutadid


DEJADME

Dejadme, donde dichoso
y respetado he vivido,
discurrir sobre las ondas
del Guadalquivir tranquilo
A la luz de las estrellas
en clara noche de estío.
A la sombra reposarme
de los frondosos olivos,
y oír el susurro libre
del aura mansa en los mirtos.

Al Mutadid

45-Wallada Almostacfi



CUANDO CAIGA LA TARDE

Cuando caiga la tarde,
espera mi visita,
pues veo que la noche
es quien mejor encubre los secretos;
siento un amor por ti,
que si los astros lo sintiesen
no brillaría el sol, ni la luna saldría
y las estrellas no emprenderían
su viaje nocturno.

Wallada Almostacfi

138-Tai Hao



NOCHE LARGA

Ella ahueca la almohada,
perfuma la roja redecilla de su pelo,
hace girar la lámpara y deja caer sus vestidos.
Sus doncellas saben que la noche será larga,
pero si nadie llega podrán irse a casa.

Tai Hao

139-Li Ching Chao



LA PRIMAVERA

La primavera se alza de mi corazón
y florece en mis mejillas. Me siento mareada.
Como si hubiera bebido.
Intento escribir un poema en el que mis lágrimas
corran junto con las tuyas.
Mi colorete está viejo.
Me pesan demasiado las horquillas.
Me echo sobre mis cojines dorados,
envuelta en mi solitario edredón doble,
y aplasto los fénix de mi cabeza.
Sola y sumida en amarga soledad,
sin siquiera un buen sueño,
paso la noche recortando la mecha de la lámpara.

Li Ching Chao


AL CAER LA TARDE

Al caer la tarde, lluvia y viento
se llevan todo el calor de la jornada.
Dejo de tocar el huang y el sheng
para maquillarme ante el espejo.

Mis prendas son finas,
mi carne lisa y perfumada.
Sonrío y digo al amado:
-Van a sernos frescos y cómodos
la cortina, el colchón y la almohada.

Li Ching Chao

177-Ada Negri



HABITACIÓN DE HOTEL

No ha llegado la noche todavía
y ya es de noche en esta habitación
donde ayer cabía el mundo entero
y hoy sobramos los dos y sólo cabe
la noche, que ya tarda, sin final.

Ada Negri

321-Félix María del Monte



A LA NOCHE

Un tiempo con ardor por ti anhelaba,
tu sosegado imperio apetecía
y en él, junto a la hermosa amada mía,
tus horas entre el júbilo contaba.

Si amante Diana su Endimión buscaba
y con plateados rayos nos hería;
si allá a lo lejos céfiro gemía
o el mar en la ribera rebramaba,

eres hermosa, ¡oh noche! Mi divina
idolatrada Flérida presente,
la majestad te daba que perdiste.

¿Qué dices hoy al corazón? Mezquina
luce la luna, miro indiferente
el tachonado manto que te viste.

Félix María del Monte

329-Tom Llewellyn



AL APAGARSE LAS LUCES

De pequeño pensaba que unos monstruos
y unas brujas malvadas
aparecían cada vez que el Sol
se marchaba a dormir tras la jornada.

Eran seres horribles
que a los pobres humanos devoraban
empapados en té,
como si fueran pasta.

Entonces desperté muy asustado
al llegar despacito la mañana,
y me sentí feliz por estar vivo
y libre de carnívoros fantasmas.

¡Y lo mejor de todo es que triunfé
sin que siquiera hubiera una batalla!

Tom Llewellyn

341-Ben Farach



VISIÓN NOCTURNA

¿A quién debo agradecer más?
¿A la imagen del sueño
o al propio sueño que la imagina?
Despertó mi pasión con su presencia,
mas quise ser casto y me abstuve.
Es lícito en sueños el pecado,
pero según mis hábitos
incluso en ellos conservo mi castidad.

Ben Farach

347-Aristófanes



EL HIJO DE LA NOCHE

En el principio existían el Caosy la Noche,
el Erebo oscuro y el Tártaro inmenso:
la Tierra no existía, ni el aire ni el cielo.
En el regazo infinito del Erebo
la noche de alas negras
puso un huevo sin germen,
y pasado el tiempo preciso
nació el adorable Eros, con alas de oro,
semejante a un viento huracanado.
Y en el Tártaro enorme
se unió Eros al Caos tenebroso
engendrando nuestra raza.
No existían entonces los dioses
hasta que Eros mezcló los elementos
y forjó el Océano con ellos,
surgieron Cielo y Tierra
y la indestructible estirpe
de los Dioses dichosos.

Aristófanes

348-Safo



DUERMO SOLA

Ya se han ocultado
las Pléyades y la Luna;
mediada está la noche,
se fue la hora propicia:
estoy durmiendo sola.

Safo

363-Meng Hao-Ren



MAÑANA DE PRIMAVERA

Durmiendo en primavera no se advierte la aurora.
En el lugar dulce se oyen cantos de pájaros.
Llega la noche, hay sonidos de viento y lluvia.
cayeron flores, quién sabe cuántas.

Meng Hao-Ren

512-Ben Hani



QASIDA DE LAS ESTRELLAS

¡Qué bella aquella noche!
Desde que nos envió de prisa a su mensajero,
la pasamos contemplando
a los Gemelos del Zodíaco en sus orejas,
como pendientes.
Y la pasó también con nosotros
un copero que se rebelaba
contra la oscuridad con su rostro,
candela de aurora, a la que no hay que despabilar
 y que no se apaga.
Había en su voz un dejo nasal
como el runrún de la gacela;
era fragante; la molicie hacía ligero su talle,
mientras el licor hacía pesados
sus párpados, de abundantes pestañas.
El temblor del vino no le dejó mano,
ni la vejación del curvarse
para llenar los vasos, cintura.
Diríase que sus caderas
eran un montón de arena
sobre el que se cimbreaba la caña del talle.
¿Es que no conocéis la caña y el montón de arena?
Nuestros lechos sirvieron de vestido
para nuestro vino, y para cubrirnos,
la tiniebla rasgó sábanas de su piel.
De corazón a corazón se acercaba el amor;
de labio a labio volaba el beso.
Mas, por tu vida, despierta de nuevo al vaso
y a los párpados del copero;
que de nuevo está despierto
el porrón después de lo que dormitó.
La tiniebla ha comenzado a desanudar sus trabas,
y el ejército de la noche
se apresta y se alinea para dar la batalla a la aurora.
Los luceros huyen para dejar paso a las Pléyades,
que son como sortijas
que brillan en los dedos de una mano escondida.

Ben Hani

513-Ben Farrach




CASTIDAD

Aunque estaba pronta a entregarse,
me abstuve de ella,
y no obedecí la tentación que me ofrecía Satán.
Apareció sin velo en la noche,
y las tinieblas nocturnas,
iluminadas por su rostro,
también levantaron aquella vez sus velos.
No había mirada suya
en la que no hubiera incentivos
que revolucionaban los corazones.
Mas di fuerzas al precepto divino
que condena la lujuria
sobre las arrancadas caprichosas
del corcel de mi pasión,
para que mi instinto no se resbalase
contra la castidad.
Y, así, pasé con ella la noche
como el pequeño camello
sediento al que el bozal impide mamar.
Tal, un vergel, donde para uno como yo
no hay otro provecho que el ver y el oler.
Que no soy yo como las bestias abandonadas
que toman los jardines como pasto.

Ben Farrach

514-Ben Baqui



ESCENA DE AMOR

Cuando la noche arrastraba
su cola de sombra,
le di a beber vino oscuro
y espeso como el almizcle
en polvo que se sorbe por las narices.
La estreché
como estrecha el valiente su espada,
y sus trenzas eran
como tahalíes que pendían desde mis hombros.
Hasta que, cuando la rindió la pesadez del sueño,
la aparté de mí,
a quien estaba abrazada.
¡La alejé del costado que amaba,
para que no durmiese sobre una
almohada palpitante!

Ben Baqui

535-Julio Herrera y Reissig



LA NOCHE

La noche en la montaña mira con ojos viudos
de cierva sin amparo que vela ante su cría;
y como si asumieran un don de profecía,
en un sueño inspirado hablan los campos rudos.

Rayan el panorama, como espectros agudos,
tres álamos en éxtasis... Un gallo desvaría,
reloj de medianoche. La grave luna amplía
las cosas, que se llenan de encantamientos mudos.

El lago azul de sueño, que ni una sombra empaña,
es como la conciencia pura de la montaña...
A ras del agua tersa, que riza con su aliento,

Albino, el pastor loco, quiere besar la luna.
En la huerta sonámbula vibra un canto de cuna...
Aúllan a los diablos los perros del convento.

Julio Herrera y Reissig

615-José Jacinto Milanés



VAGOS PASEOS

Noche de amor y fortuna,
noche bella entre las bellas
aquella en que sin estrellas
brilla en su lleno la luna.

Y en la celeste región
blancas las nubes se mecen,
que desde lejos parecen
sueltos copos de algodón.

Entonces dulce es dejar
la comenzada novela,
buscar la brisa que vuela
y por las calles vagar.

Mas vagar sin fin no debe
el que por gozar pasea:
ir sin misteriosa idea
como un hombre de la plebe,

que con el fastidio esquivo
se da siempre un encontrón,
no debe ser la intención
del poeta discursivo.

¿Faltáranle al trovador
una reflexión doliente,
blandos suspiros de ausente,
tiernas lágrimas de amor?

¿O la escena que algún día
leyó en un cuento florido,
que le lleven sumergido
en dulce melancolía?

Y ¡qué bello será ver
en alguna casa aislada
junto a la lumbre sentada
una angélica mujer,

que reflexiona de un modo
tan noble como elegante,
puesto un libro por delante
y sobre la mesa el codo!

Ver la luz que alegre brilla
esclareciendo de lado
el delicioso encarnado
de aquella fresca mejilla.

Ver aquel casto ademán
que expresa aunque con reposo
lo modesto y lo amoroso,
lo amoroso y lo galán.

Ver la confiada fe
conque siente lo que lee,
porque la hermosa no cree
que aquel que pasa la ve.

Ver aquel cuadro que arroba
con objetos hechiceros:
los dos sencillos floreros
en la mesa de caoba:

el espejo al clavo asido:
el mecedor barnizado
donde el faldero mimado
se hace una rosca dormido:

la puerta del comedor
que está anunciando al deseo
un patio con mucho aseo
y un jardín con mucha flor:

todo exhalando alegría,
todo limpieza y frescura,
albergue de una hermosura
ignorada todavía.

José Jacinto Milanés


LA ILUSIÓN

Cuando la mano del benigno sueño
mis ojos cierra y mi velar halaga,
en torno de mi lecho vuela y vaga
fantasma bella de mirar risueño.

Ora alegre me mira, ora con ceño;
pero ceño gentil de hermosa maga:
Ora, ¡bálsamo dulce a mi alma aciaga!,
vierte en mi labio un ósculo halagüeño.

Y ya con lengua angélica me dice
palabras como música o me abriga
bajo sus grandes transparentes alas.

¿Quién eres pues, espíritu felice?
¿Naciste en este mundo de fatiga,
o pisas ángel las celestes salas?

José Jacinto Milanés

619-Gertrudis Gómez de Avellaneda



A LAS ESTRELLAS

Reina el silencio: fúlgidas en tanto,
luces de paz, purísimas estrellas,
de la noche feliz lámparas bellas,
bordáis con oro su luctuoso manto.

Duerme el placer, mas vela mi quebranto,
y rompen el silencio mis querellas,
volviendo el eco, unísono con ellas,
de aves nocturnas el siniestro canto.

¡Estrellas, cuya luz modesta y pura
del mar duplica el azulado espejo!
Si a compasión os mueve la amargura

del intenso penar porque me quejo,
¿cómo para aclarar mi noche obscura
no tenéis ¡ay! ni un pálido reflejo?

Gertrudis Gómez de Avellaneda


A UN NIÑO DORMIDO

¡Duerme tranquilo, inocente,

en el materno regazo,
y deja que admire atenta
tu delicioso descanso!
¡Cuál brilla la frente pura
entre los rizos dorados,
que en leves ondas descienden
a tu cuello de alabastro!
Pende con dulce abandono
a un lado tu diestra mano,
y la otra de la mejilla
el peso sostiene blando.
Cual flor preciosa, tu pecho
despide aliento balsámico,
mientras que dulce sonrisa
mueve el carmín de tus labios.
Tal vez sueñas de tu madre
recibir el beso caro...
Tal vez a un ángel contemplas
y escuchas célicos cantos.
¡Duerme, duerme, pobre niño,
de la inocencia en los brazos,
que a robarte tal ventura
se presta el tiempo tirano!
Vuelan rápidos los días,
veloces huyen los años,
llevándose, ¡ay!, para siempre
nuestros ensueños galanos.
Ese purísimo seno,
cuyo cutis nacarado
levanta latir suave
y brilla cual limpio lago,
del viento de las pasiones
será bien presto agitado,
y sus olas turbulentas
en ti mismo harán su estrago.
Entonces, ¡ay!, tan tranquilo
no será, no, tu descanso,
ni esa sonrisa apacible
te prestará nuevo encanto.
Entonces, ¡ay!, los delirios
del amor, los sobresaltos
de los celos, los afanes
de la ambición, siempre insanos,
serán los ángeles puros
que velarán a tu lado,
reproduciendo en tus sueños
de tu existencia los cuadros.
Hasta que, al fin, a tu vista,
cubierta con velo opaco,
se eclipsará la esperanza,
luciendo atroz desengaño.
Y del sueño perdurable
la triste calma anhelando,
ya en la copa de la vida
sólo hallarás dejo amargo.
Mas, ¡silencio!, no se aleje,
por tan fúnebres presagios,
el ángel que ves hermoso
arrullarte con sus cánticos.
¡Duerme, sí, pobre inocente!
Prolonga tu sueño grato,
y conserva esa sonrisa
que tu madre está adorando.

Gertrudis Gómez de Avellaneda