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Preparad el camino al Señor

Preparad el camino al Señor,
armaos con un mazo
que derribe muro, tire rencores
y abra paso a la luz.

A voz en grito salid a la calle,
y decid que el amor viene
para ser bandera.

Abrid los ojos para reconocer
la grandeza del Universo
contenida en un ¡sí!

Atended y escucharéis
una Palabra plantada en el corazón de la Tierra.
Y después haced que el grito,
la mirada y la palabra
se conviertan en profecía tan necesaria.

José María Rodríguez Olaizola

Yo no escribo poesías



YO NO ESCRIBO POESÍAS

Yo no escribo poesías,
pero me gusta leerlas,
comprender los sentimientos
que bellamente se expresan
convertidos en palabras
por la magia del poeta...
Jamás escribí unas rimas,
pero me encantan aquellas
que sacan del corazón
la verdadera riqueza
de aquel que sabe escribirlas
y aquel que sepa leerlas
en versos que incluso dicen
lo que decirse no pueda.

Jesús María Bustelo Acevedo

Palabras



PALABRAS

Palabras transparentes y sencillas
que llenan de alegría la mañana,
sonoras maravillas que dibujan
sinfonías fantásticas.
Verdades que se expresan en tu boca
con esa fuerza hermosa y soberana
que tiene lo que nunca necesita
de escudos ni de espadas.
Colores que en tus labios
se muestran cual caricias en el alma,
y es el amor que mueve las estrellas
con su inefable y misteriosa magia...
¡Qué bello se convierte el Universo
merced a tus palabras!

Jesús María Bustelo Acevedo

Transición



TRANSICIÓN

A través de las palabras
hay que llegar al Silencio
que nos hace poderosos
y luminosos y eternos;
y nos vuelve, como el Sol
de las alturas, viajeros
de los mundos infinitos
que con los ojos no vemos.
A través de las palabras
desembocan nuestros sueños
en ese mar de la vida
que no es el mar de los muertos,
y nos volvemos profetas
que habitan lejos del tiempo
mientras nos llena el espíritu
la música del Silencio.

Jesús María Bustelo Acevedo

163-Amy Lowell



IN EXCELSIS

¡Oh, tú!
Tu sombra es luz de sol en una bandeja de plata;
tus pisadas, un lugar para plantar lirios;
tus manos, al moverse,
son un doblar de campanas en el aire inmóvil.
El movimiento de tus manos es la larga
y dorada luz del sol naciente,
el revoloteo de los pájaros en el sendero de un jardín.
Avanzas por la mañana como un perfume de junquillos.
Los potros son menos raudos que tu pensamiento,
tus palabras son abejas alrededor de un peral,
tus sueños son avispas veteadas de oro
y negro zumbando entre manzanas rojas.
Bebo en tus labios,
como el albor de tus manos y tus pies.
Abro la boca:
semejante a una jarra nueva estoy abierta y vacía.
como el agua clara eres tú,
que llenas la copa de mi boca.
Eres como un riachuelo sembrado de lirios.

Eres helado como las nubes,
lejano y dulce como las altas nubes.
Me atrevo a alcanzarte,
me atrevo a tocar tu orilla brillante.
Salto más allá de los vientos,
grito y chillo,
porque mi garganta es fina como una espada
afilada con una muela de marfil.
Mi garganta canta la alegría de mis ojos,
la turbulenta alegría de mi amor.
¿Cómo cayó el arco iris sobre mi corazón?
¿Cómo se enredó el mar entre mis dedos
y cómo cubrió mi cabeza con el cielo?
¿Cómo viniste a habitar en mí,
asediándome con los cuatro círculos de tu mística luz,
hasta que, inclinándome ante ti, como si fueras un altar,
grité: "¡Gloria! ¡Gloria!"?

¿Habré de torturarte pensando en el hoy y en el mañana?
He de creer que el aire es un favor,
la tierra una cortesía
y el cielo un regalo que hay que agradecer?
Tú eres... aire... tierra... cielo...
Pero no te lo agradezco.
Te tomo,
y vivo.
Y las palabras que diga después
son como rubíes engastados en una puerta de piedra.

Amy Lowell


ALBORADA

Tal como libero de su cáscara a la almendra,
así te despojaría de tus ropas, amada,
y acariciando con mis dedos el suave y pulido fruto
podría ver que en mis manos resplandece
una gema de valor incalculable.

Amy Lowell

178-Janis Plieksans



IDILIO

-¿Dónde hallaste palabras tan claras?
-Largo tiempo he mirado la turba.

-¿Dónde hallaste palabras tan bellas?
-Largo tiempo he mirado la luna.

-¿Dónde hallaste palabras tan graves?
-Largo tiempo he mirado la bruma.

Dime, Bien-amado:

-¿Dónde hallaste palabras tan suaves?
-Largo tiempo te he visto en mi fiebre.

-¿Dónde hallaste palabras tan dulces?
-Largo tiempo me he visto en tu frente.

-¿Dónde hallaste palabras tan hondas?
-Largo tiempo yo he visto la Muerte.

Janis Plieksans

914-Bai Ju Ji



LEYENDO A LAO TSÉ

Aquellos que hablan no saben;
aquellos que saben son silenciosos.
Escuché esta cita
de un un viejo caballero.
Si el viejo caballero era uno
de los que sabían esa verdad,
¿cómo es que se sintió capaz
de escribir cinco mil palabras?

Bai Ju Ji

El Momento

EL MOMENTO

LLega el momento de apagar los ojos
para que el alma encienda su mirada
y abrace al corazón de cada cosa
dejándole caricias encantadas.

Llega el momento de erigir el Templo
que no tenga ni piedras ni palabras,
en donde todo el Universo exprese
con amor y alegría su plegaria.

Llega el momento de decir, callando,
con la ternura de la voz del alma,
el beso que jamás se ha dado nunca
y que siempre se asusta cuando hablas.

Jesús María Bustelo Acevedo

Voces

VOCES

Todos tienen la suya, los pájaros, las flores,
los ángeles, las olas, las piedras o las nubes,
y todos hablan claro, directo y sin palabras,
con esa voz paciente que aguarda que la escuches.

Y son voces que hablan como fuera del tiempo,
cambiando en cada instante sin que nadie las mude,
volando al infinito, durmiendo en sus fronteras,
llegando a todas partes aunque nunca se inmuten.

Más allá de las lenguas y todas sus palabras,
de lo que a los sentidos y sinsentidos une,
aquellas otras voces, en ti y en cualquier lado,
presentes e invisibles, aguardan que se escuchen.

Jesús María Bustelo Acevedo

Tu Vestido



TU VESTIDO

Mujer, qué bien te queda ese vestido
con el que, desnudando mi mirada,
vistes mi corazón de desvaríos
eróticos y placentera magia.

Ojalá te vistieras con los besos
y las caricias que en mi pecho aguardan,
aunque te quedes muda entre mis brazos
sin tu hermoso vestido de palabras.

Mujer, qué bien te queda ese vestido,
¿te lo hicieron las musas o las hadas?
Me encanta cómo vuelas en tus versos
y me dejas el alma enamorada.

Déjame que me beba en cada sueño
tu desnudez vestida de palabras,
ven a mi nido y déjale a mis penas
un disfraz con las prendas de tus alas.

Jesús María Bustelo Acevedo

La Venta

LA VENTA

Te vendo estas palabras por un poco de tiempo;
si las quieres, las compras; si no las quieres, no,
que el tiempo es la divisa más valiosa del mundo
y para despreciarla hay que tener valor.

Valor es lo que debo tener para decirte
que estamos de rebajas porque esto está fatal,
y antes que me liquiden al corazón de hambre
toda su mercancía la quiero liquidar.

Te vendo un canto épico que trata de un sujeto
que no estaba sujeto a las leyes del Amor;
lo mismo que un buhonero vendía sus palabras...
Si lo quieres, lo compras; si no lo quieres, no.

Te vendo estas palabras por un poco de algo
que no puede comprarse ni se puede tasar,
algo que no se nombra, que no tiene palabras:
por eso yo te vendo las mías, y ya está.

Te vendo unos cantares repletos de ternura
que hablan de un poeta, un túnel y una flor,
la flor que regalaba su esencia a aquel poeta...
Si los quieres, los compras; si no los quieres, no.

Estamos liquidando y te lo vendo todo,
todo menos los ojos que me van a pagar;
quien sabe si comprando te vendo las heridas,
que estamos de rebajas porque esto está fatal.

Te vendo una comedia que habla de un farsante
que solamente llora cuando baja el telón,
pero el telón no baja, y todos nos reímos...
Si la quieres, la compras; si no la quieres, no.

Aprovecha esta oferta, porque aún queda tiempo;
por un poco de tiempo, me la puedes comprar.
Te vendo mil historias por el precio de una,
que estamos de rebajas porque esto está fatal.

Te vendo una elegía que trata de un sonámbulo
que en un duelo ridículo derrotara al dolor,
y el dolor resentido no se lo perdonaba...
Si la quieres, la compras; si no la quieres, no.

Escúchame, te vendo también una leyenda
(si no la estás leyendo no me la comprarás)
de un hombre que quería vender unas palabras
a una mujer absurda llamada Soledad...

Y el charlatán de feria ya recoge sus bártulos,
se marcha con sus sueños hacia un nuevo rincón;
ya volverán sus cuentos y cuentas a esta plaza...
Si los quieres, los compras; si no los quieres no.

Jesús María Bustelo Acevedo